Número 75, mayo 2016

EDITORIAL
La pálida

Fue un sábado raro. Lleno de expectativas y desaires, con nudos en casi todas los cruces del Centro de la ciudad, con consignas de plaza y cantinelas de tribuna. Estaba afuera la caballería, el Esmad y la bachillería. La gente del Medallo caminaba a mediodía del Parque Berrío al Atanasio. Alentando la poxibilidad de ganar el clásico. Los opositores al aborto iban desde el Parque Explora hasta Las Luces. Con la oculta intención de conocer las ruinas del afamado guayaco. Y la turba aletargada de los marihuanos reptaba desde el Pablo Tobón hasta Las Luces que ya habían abandonado los abanderados del cigoto. Mientras tanto, los comerciantes maldecían la cantidad de desocupados de buena y mala estofa que no dejaban circular a los hijos, esposos, hermanos, nietos y recogidos en busca del regalo para las madres. ¡Qué víspera tan complicada!

Por razones de tradición reportera, y por ubicación, nos corresponde una mirada y una opinión sobre la marcha cannábica. Además, está más cerca la legalización del moño que la del aborto y no tomamos partido frente a los colores futboleros de la plaza, apelamos entonces a la coyuntura para decir algunas cosas sobre el momento del activismo baretero.

Lo primero es que mientras el Estado se acerca a una regulación de la marihuana, un orden que reconoce la hierba en algunos aspectos, sus promotores públicos pierden organización y control sobre el evento más visible del año. Parece que cuando el gobierno y la sociedad le dan espacio a un colectivo llega el tiempo de desperdiciarlo. Pudimos verlo con ojos turbios. Desde UC proponemos una cantaleta para ir carburando.

La convocatoria de la marcha a las 10:00 a.m. es ilusa y equivocada. La fiesta comienza muy temprano y las garrafas plásticas de vino de durazno se convierten en desayuno. La michelada es el tentempié y la programación académica tiene público anémico. Se alargan inútilmente las “zonas de concentración”. Pero no hablemos de los madrugadores, allá ellos.

Lo más difícil en la marcha pasada fue ver una mata. No abogamos por la lora comprometida de los marihuaneros ni imaginamos el rebaño aspirando una misma lana. Pero la marcha debe tener un mínimo ambiente común, compartir algo más que la fiesta del sábado previa al clásico. Y el temido guayabo del día de la madre. La marcha de hoy tiene una población predominante, los muy jóvenes. Una buena porción entre 14 y 16, y una muy grande de 16 a 25. Unas mamás pasaban arrastrando a sus hijos de uniforme, unos risueños y otros aguantando la respiración.

Pero la principal fatiga de la marcha es que no marcha. La marcha es un pantano que acompañan unos camiones con plataforma de los que solo sale ruido y humo. Animadores groguis, bailarines entumidos, patos varios, recetas viejas y un humo negro que vicia la nube blanca a la que se dice honrar. Por momentos la marcha tuvo algunos reflujos bajando por La Playa, la ola daba dos pasos adelante y tres pasitos atrás. Ni fiesta ni marcha. Letargo. Sería mejor promover la traba que la pasma. Pero la inercia lo arregla todo, tarde o temprano.

Solo los carros de mercado con cerveza fría y mango de ñapa permiten que se avance un poco. Desde los camiones tiran cueros y la corteza del chocolatoso. La marcha voltea con dificultad en La Playa con la Oriental. La costumbre de cada año le quita miedo al humo. La gente cruza riéndose, meneando la cabeza resignada, aspirando con el ceño fruncido. Pero es una ganancia que se puede desperdiciar.

A la altura de San Antonio vino el sobresalto. Unos disparos causaron la estampida que despertó y dispersó la turra. Ganaron los clientes de las cervecerías de San Antonio que huyeron a las carcajadas. Hubo más sobresalto en la marcha zombi que en el triunfo del rojo 1-2. Lo mejor fueron los rezagos de la marcha. El Centro quedó lleno y tranquilo. Pero le tocó muy duro en la tarde.

Siempre le haremos reportería a la marcha. Prender el sismógrafo para monitorear ese paso arrastrado. Lo más preocupante es que el Estado muestre más arrastre que la patota que dice fumar por un gusto que vale defender.UC

 
Editorial CU
 
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