Síguenos:




Número 27 - Septiembre de 2011  

Bocas de ceniza
 
Bocas de ceniza
Ideolojía, de Juan Ramón Jiménez
Camilo Jiménez
 

Estudiaba con los jesuitas y tenía 18 años Juan Ramón Jiménez cuando conoció el primer aforismo (máximas se llamaban entonces). Era de Tomás de Kempis, y encandilado por su contundencia se dio a la tarea de traducirlo. Dice así: “Si miras lo que eres dentro de ti mismo no tendrás cuidado de lo que de ti digan los demás hombres”. El segundo que compuso fue ya de su caletre, y lo incluyó en una carta a Manuel Bartolomé Cossío con la ortografía que caracterizó al poeta y escritor onubense: “Orden en lo esterior, inquietud en el espíritu”. En sus casi sesenta años de trabajo llegó a escribir cerca de diez mil, entre versiones, acercamientos y variaciones: siempre estuvo recomponiendo tanto su obra poética como sus epigramas, aforismos, máximas o como quiera llamársele a este género que no admite devaneos ni prosapia. Él mismo se calificaba como “metamorfoseador”. El volumen Ideolojía, preparado por Antonio Sánchez Romeralo para la editorial Anthropos —de donde fusilo los que vienen—, recoge cerca de cinco mil.

En los manuscritos que se conservan de Juan Ramón puede apreciarse el trabajo meticuloso que le dedicaba a esas frases de tres líneas cuando mucho. Recomponía, remendaba, rehacía permanentemente. ¿Escritura automática, inspiración? No: sudor, trabajo, sudor hacen a un poeta, a un pensador, a un escritor.

—Hay entre otras, tres clases de mal gusto: el de quien escribe con tinta verde, con tinta morada y con roja.
—En ediciones diferentes, los libros dicen cosa distinta.
—Nunca hago una cosa, sino otra.
—Lo malo está más cerca de lo bueno que lo mediocre.
—Era casi perfecta. Su mayor encanto estaba en el “casi”.
—Actual; es decir, clásico; es decir, eterno.
—En jeneral, todo gran escritor que empieza turbulentamente acaba por ser correcto; todo el que empieza correcto acaba por ser desaliñado.
—... Pero el mejor llevará siempre contra sí el remordimiento de los peores.
—Fuerza y fracaso suman buena melancolía; fracaso y debilidad, desesperación mala.
—De la mujer que habla con nosotros, el paisaje de su vista.
—Mejor callar que hablar; mejor soñar que callar; mejor leer que soñar o pensar solo. Leyendo, el mismo silencio se calla y podemos pensar o soñar en compañía.
—Mi calle no me lleva, mi casa no me limita.
—Remedios contra la sensualidad, amor; contra el amor, trabajo; contra el trabajo, sensualidad.
—En poesía la forma debe ir por dentro, la idea por fuera.

—En el momento sexual los pies son como pezuñas, los brazos como alas.
—Donde quiera que la jente se esté riendo, tened la seguridad de que hay algo que llorar.
—La ciencia cristiana: a investigar, a investigar, pero ¡cuidado con descubrir!
—¡Qué tristeza esta de morir sin haber visto todos los paisajes, sin haber leído todos los libros!
—Detesto esa prosa seguida, horizontal, purista de buen gusto, que se considera en jeneral el ejemplo de la prosa. Y la prosa, como el verso, como la buena habla, creo yo, han de ser personales, inventivos, diferentes en cada caso, con sus subibajas, sus encuentros, sus caídas vivas, sus luces y sus sombras.
—La perfección de la forma artística no está en su exaltación, sino en su desaparición; no en hacer una prosa mala o desaliñada, sino en hacerla tan buena que parezca que no existe.
—Ni el elojio me inquieta ni la censura me conmueve. Soy lo que soy. Nada me añade el aplauso y nada me quita el insulto.
—No hay dibujantes mejores que el polvo y la sombra.
—Gustar pero no del todo.
—Quien escribe como se habla, irá más lejos y será más hablado que quien escribe como se escribe.
—Como era de esperar, en este 1923 se está confundiendo “sencillez” con “simpleza”; “intelectualismo” con “intelectualería”; “claridad” con “vulgaridad”; “vida” con “periodismo”; “cultura” con “filología”, con “lectura secundaria”, con “exhumación”; “crítica” con “desahogo”.
—¿Cuándo, señoras y caballeros, vamos a borrar el vocablejo interesante de bocas y papeles?
—¿Lo cursi? Un piano en un jardín, una luz a medio día, un bastón de carey y oro, pis por orina o mea, etc.
—Todas las mañanas resucito a mis muertos.
UC

Ideología, Juan Ramón Jiménez
Juan Ramón Jiménez, Ideolojía (1897-1957),
Barcelona, Anthropos, 1990. Edición a cargo
de Antonio Sánchez Romeralo.