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Número 27 - Septiembre de 2011  

Antimateria

 

Promesas a la loca

Hay por ahí un candidato a la Alcaldía de Medellín que promete cosas que ni de veras queriendo podría cumplir. Promete, por ejemplo, hacer autopistas de veinte carriles y limpiar el río Medellín, todo en cuestión de meses. Ignora supongo el señor, que ese tipo de obras requieren más tiempo que el necesario para pronunciar una consigna electoral. Lo de las autopistas requiere estudios serios a ver éso en qué contribuye a mejorar la movilidad, y en cuanto al río, entendemos que el proceso de saneamiento y recuperación de su cuenca y afluentes lleva ya varios años y tardará todavía muchos más, porque los ríos no se limpian echándoles jabón. Los ríos contaminados comienzan a sanar, en el mejor de los casos, treinta años después de que dejen de recibir vertimientos de alcantarilla y desechos industriales.

Algo similar ocurre con su promesa de pacificar a Medellín llenándola de policías, cuando se sabe que la policía es la principal fuente de corrupción en las comunas y los barrios. Además la seguridad no es un asunto de policía; es un asunto de ciudadanía. Sin dejar de mencionar su promesa de acabar con la indigencia mediante el recurso simple de llevarse los indigentes para otro lado. Para una finca, dice. O aquella otra de agilizar la movilidad eliminando los semáforos.

Pero la tapa del congolo sí es la salomónica propuesta de arreglar el centro de Medellín, desterrando a los travestis. ¿Acaso se los piensa llevar para la misma finca donde va a recluir a los habitantes de la calle? Es posible. Tampoco explica el caballero cómo se distingue un travesti. ¿Quién los va a requisar a ver si en verdad son mujeres con antena? Y otra cosa: ¿Para ser considerado travesti hay que llevar minifalda o podrá considerarse objeto de persecución un jean descaderado o unos chicles verde cogollo? No se sabe.

En definitiva, el candidato de marras despliega un gran abanico de propuestas, no para solucionar los problemas, sino para ocultarlos. Cree que se puede superar la exclusión con una mayor dosis de exclusión y mejorar la movilidad eliminando las señales de tránsito. Total, y a juzgar por su alucinada propuesta de segregar a los travestis, es de temer que este ciudadano candidato suelta las promesas a la loca.

El asunto podría sonar hasta chistoso, pero es en verdad una tragedia que una persona que aspira a dirigir la ciudad de Medellín, no se haya tomado la molestia de leerse la Constitución Nacional antes de querer solucionar los problemas de los unos, conculcando los derechos de los otros.

 

Ese 11 en Medellín

En los diez años que han pasado se ha dicho todo, y aún más, de la caída de las torres gemelas de Nueva York. Y resulta lógico, pues el polvo del asombro y la tristeza aún no se ha asentado y la sensación de que algo tan crudo pueda ocurrir de nuevo, en cualquier momento, mantiene alerta al mundo entero. Incluida, por supuesto,nuestra Medellín.

Faltaba algo por decir y se supo: A los pocos días del atentado original, la policía secreta colombiana montó un complicado operativo para evitar que ocurriera lo mismo en el país. Para lograrlo plantaron agentes en la mezquita Omar Ibn Al Khattab, en Maicao, donde cayó un malhechor (uno de los policías infiltrados fue detenido cuando salió con una bolsa en la que llevaba los zapatos de los asistentes), el DAS interceptó los teléfonos de todos aquellos llamados Yamid, Benhur, Yesid, Yolima, Yadira y afines, se allanó el sexshop Alí Babá, y hasta Corán-tioquia estuvo en la mira de los sabuesos criollos.

Luego de detectado el enemigo, las fuerzas antiterroristas patrias protegieron los posibles objetivos. En la terraza del Capitolio se dispuso instalar un poderoso radar (que los Nule nunca entregaron) y en el Cantón Norte la inteligencia militar, al no contar con batería antiaérea, le dio vacaciones al personal. En Medellín se extremaron las medidas de seguridad alrededor de nuestras torres gemelas: Los edificios Vásquez y Carré. Se modificaron las rutas que salen del aeropuerto Olaya Herrera hacia Caucasia para que ningún jet las sobrevolara y se prohibió la práctica de parapentismo en la zona de Guayaquil. En una muestra de precaución extrema, se reubicaron las palomas de la Plaza de Cisneros y se apostaron francotiradores en la torre del Palacio Nacional prestos a derribar cualquier gallinazo que abandonara sospecosamente el río.

Talvez exageraron. Aunque Medellín es una ciudad que interesa a los extremistas islámicos por albergar la catedral hecha en ladrillo cocido más grande de Latinoamérica. Pero aunque así fuera, tales precauciones lograron que sigan en pie, intactas, nuestras maravillosas torres gemelas, como símbolos de la cultura de Occidente.