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Número 11 - Abril de 2010  

Artículos
Jaime Espinel - Víctor Bustamante
Para la marea alta donde reposarán sus cenizas - Gabriel Jaime Caro - Gajaka
 

Jaime Espinel. Víctor Bustamante

Extraño el destino de Jaime Espinel. No le bastó haber sido el mejor cuentista de su generación, y el más radical de los nadaístas actuales, sino que su obra pasó por la vida literaria del país como si no hubiera existido y como si el hecho de haber pertenecido a ese grupo hubiera bastado para sumirlo en la desgracia de haberlo dejado de lado y sólo se recobrara su obra cuando existieran algunos cumpleaños de ese grupo. En el mismo seno del nadaísmo nunca fue una presencia sino alguien al margen más que cualquiera de ellos. Y esto en parte a su estadía en Estados Unidos en la época de más beligerancia y creatividad de ellos. Algunas vez en la década del 70, recién llegado de su viaje a Usa, me decía, "los nada son los nada", con lo que daba a entender que era algo lejano a ellos. Jaime siempre estuvo alejado de Eduardo Escobar, a quien le cuestionaba su posición política. Y era extraña esa relación, casi de vasallaje, con Jotamario, a quien admiraba por su humor y su sagacidad. "Jota es Jota", decía, pero lo más extraño, es que Jaime nunca se preocupó por difundir su propia obra. Me daba la impresión de que no era sabedor de su talento. Ya que en el nadaísmo sólo sobresalían los poetas así fueran de dudosa reputación.

Jaime inició desde sus primeros cuentos una mirada y un fervor por Medellín, en un momento de cambio de una mentalidad del trabajo al proceso de una generación donde las mafias y el continuo amor al "aura sacra fames" persistirla desde las bandas de los sicarios de Manrique, lo cual daría desarrollo a la posterior serie de cuentos, novelas y cine negro sobre Medellín. Pero en Jaime existía lo palpable, él vivió desde el fondo esa nueva actitud, y no como muchos escritores que vendrían después a hacer turismo con la fatalidad de la actual literatura de sicarios.

En su literatura existe un ámbito y una preocupación: la muerte. Alguna vez le preguntaba sobre esa obsesión y él afirmaba: "No es obsesión, es una locura, terquedad. Es una vaina más o menos conciente. Nosotros somos una cultura de la muerte, de suicidas, y la literatura tiene tres temas el amor, la vida y la muerte yo siempre toco el amor y la vida y a la vez la muerte; porque la muerte es la decisión final del vivir, es lo imprescindible, lo inevitable, pero no es una maldición de nosotros en nuestra cultura".

Mantenía una utopía: encontrar el lugar de nacimiento de Pancho Villa en Antioquia y escribir una novela sobre él.

De él aún perdura su grata conversación, su amistad, su humor y la presencia de Medellín que como ninguno narró.

Desdeñó el mundo literario, y a su vez fue desalojado de ese falso universo de la veleidad y el falso prestigio. Siempre sabíamos que Jaime Espinel estaba ahí. Tanta literatura que nos dio y nada le dimos. Con su muerte desaparece la radicalidad del grupo nadaísta.uc

Jaime Espinel

 

 

Barquillo (por aquí pocos le decían nombre y apellido) se pasaba unos ratos largos en Palinuro, tintiando, pescando en libros y comentando de todo. Sabíamos que andaba enfermo, que a veces se ponía muy mal y que por eso se perdía durante semanas, pero nunca hablábamos de eso tan peliagudo —creíamos que sus dolencias eran la razón para que anduviera siempre con unos sacos inmensos de lana gruesa tejida, en rebelde desafío a los solazos—. Un día le mostramos el periódico. Lo leyó con calma. Lo comentó con precisión. Y para regocijo de nosotros nos prometió un artículo. Llegó hace un mes con un cidí: "Esto lo tenía por ahí. Lo escribí hace tiempo". Hoy lo publicamos y nos hubiera gustado ver qué cara ponía cuando lo tuviera entre sus ojos. Además publicamos las palabras de dos que lo conocieron y hablaron con él e imaginamos que se rieron con sus bien contadas historias, esas historias que ya nos quedaremos sin saber qué tanta verdad respiraban, pues tenía Barquillo fama de ir hilando imaginación en todo lo que hacía. Sí, tenía la capacidad de encarretar con literatura y conversa. Era uno de los nuestros... y sigue siéndolo.

 

 

 

 

Para la marea alta donde reposarán sus cenizas. Gabriel Jaime Caro - Gajaka

Conocí a Jaime Espinel, llamado "barquillo" lejos de su presencia, hace muchos años cuando daba conferencias sobre el Nadaísmo, y yo le cuestionaba esa pasión con la lista de jugadores del DIM, como algo más importante, por allá en 1980 en el antiguo Museo de Zea. Me parece que el Nadaísmo con su radicalismo frente a lo godo y católico, no ha dejado de ser una provocación a veces sin sentido sino con inquina, desprecio hasta del otro ahí a su lado pagando hasta las cuentas remotas. Algo asqueroso si se mira ahora entre los bastidores un poco pesados, aunque no deja de aparecer por ahí un peso gallo, imitando esta altanería. Me gustaba ese delirio de Jaime Espinel que se las sabía todas mientras hubiera un cigarrillo y un aguardiente para cruzar sus piernas y alterar el orden. No deja de ser apasionante su delirio sobre Fotocopio (un tal director de teatro), dando tremendas puntadas, entre aquel Taller de artes que contó con él por su versatilidad como artista y escritor, pero que prefería la esquizofrenia con bohemia a dar pasos de Poder en el teatro del Absurdo, enredado entre las tablas. Claro que queda la duda por lo del escándalo mitomaniaco en el nadaísmo que siempre existió y se va con su muerte.

Fue el más nadaísta dadaísta y artista de los nadaístas, también el mejor cuentista, Fin del Nadaísmo. Por eso sería lo del suplante, lo que él advertía con sus textos inéditos que algo tenían… Para tan distinguido pensador anarquizado; ¿"el segundo" después del Profeta Arango? El más pluralista que contó con tantows amigos agrupados en otras disciplinas para llegar a ser el huidizo en la conversación genial. Estuvimos en el sepelio en una ceremonia casi pagana, conservando la mudez como homenaje y la risa cursi. Tengo entendido que Eduardo Escobar y Malmgren Restrepo con sus respectivas avaricias nunca lo invitaron a una cerveza aquí ni en Nueva York. Jota Mario era su Papa Pope pipa pero nada. Aleluya.

"Que tu recuerdo es el daño más fuerte que me hago yo misma/por vivir soñando/ con tu regreso, arrepentido". (Félix Reina).uc

Jaime Espinel