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Número 09 - Febrero de 2010  

Editorial
Especial P. Cohelo para Universo Centro
El hombre que madrugaba para ayudarle a Dios
 

No hace mucho, contando en múltiplos de cuatro, un hombre decidió colocar su corazón al servicio de todos. Con la rauda sangre que brotó de su firme propósito, sus manos se llenaron de la fuerza necesaria para cambiar la historia.

En no pocas ocasiones su vitalidad moral lo llevó a excesos, y en muchas hubo de saltar al otro lado de la ley. "Para pisar duro y hacer temblar la tierra, no se puede haraganear en el filo de ese cuchillo percudido que es la norma", pensaba, y emprendió la salvación de los suyos, en especial la de los más cercanos a su corazón palpitante de virtudes. Siempre encuesta arriba.

Que no era noble su cruzada, que la rabia envenenaba su intimidad, que fue el deseo de vengar la violenta muerte de su padre lo que en realidad movió la médula de su batalla, le criticaban. Solemos dejar a un lado las preguntas que desencuadernan el libro de nuestras propias existencias. A muchos la Vida los elige para algo más grande que el bello pero simple transcurrir y declinan con sólo sopesar que se trata en el fondo de trabajar, trabajar y trabajar. ¿Por qué, entonces, a aquel ser especial que acepta la misión vital para la que fue elegido y entrega su sacrificio personal, lo El hombre que madrugaba para ayudarle a Dios criticamos? Deberíamos distinguir su diferencia, ser nosotros en él y reelegirlo incluso.

Pero aunque sus motivos provengan de las vísceras, pues era humano al fin, de carne y huesos, este hombre fue capaz de desafiar el potro que nadie antes quiso domar. No lo ha domesticado, cuando mucho lo arrea, pero persiste como el que más y lo hace ver, pertinaz, de la gente que lo admira por persistir y hacerse ver. Círculo de energía en torno a ejemplar eje. Armonía inédita y desconocida, estado purísimo de la opinión antes expósita. Talvez no quiera domarlo, talvez su superior capacidad le indique que es mejor mantener una meta que alcanzarla, pues su presencia líder anima y unifica, mientras que el triunfo es pasajero, y detrás vienen cambios ¿y qué, por poderoso, garantiza que ocurra él de nuevo?

Algunos, secos de espíritu y su cerebro en llamas, hablan de engaños y de trampas: Autoatentados con resonancias electorales, notarías transadas por apoyos, insólitos subsidios que hacen más ricos a los ya muy ricos, recompensas que arrasan con la ética sobrante, zonas francas que como bumeranes caen a los pies de quien los lanza, detectives que chuzan en lo íntimo, extradiciones que silencian, más dinero en la guerra que en salones de clase, vilipendio y procesos judiciales para los que se oponen, referendos plagados de irregularidades, oronda corrupción, cuello torcido para la Constitución en propio beneficio.


El hombre que madrugaba para ayudarle a Dios

Trampa no se le puede decir al recurso al que se ve forzado a acudir quien tiene una tarea más alta que cualquiera. Trampa es colarse en una fila, abrir un yogur en el supermercado y no pagarlo, vender el voto y votar por otro; la trampa es mundana y ordinaria. Trampa promilagro general es mucho más, es estrategia. Medios para un fin que abajo no se entiende. Trampa hecha ley es la licencia que da Dios a esos muy pocos, que tienen fe y la inoculan. A ese que madruga, ve en la oscuridad y coge a los demás con los ojos cerrados.

UC agradece a P. Coelho por las enseñanzas invertidas en este y casi todos sus escritos, y muy especialmente por habérnoslo dejado a un precio tan pequeño para su inmenso prestigio. UC