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Número 26 - Agosto de 2011  

Artículos
Vendedor ambulante
Aymer Waldir. Ilustración Jr.
 

Me molestó que me dijera eso de la invasión del espacio público, ¿invasión? qué palabra tan fea. En el cartón yo llevaba mercancía, pero le solté que era un distribuidor, para empresas multinacionales, de productos de alta rotación. Era un chiste, pero lo miré desafiándolo. No se inmutó. ¿Cuál ambulante?, le insistí, soy permanente en este semáforo desde hace quince años. ¿Qué? Gracias, claro que acepto, vamos pues. Soy permanente le dije, la que pasa es Medellín; yo sigo estable aguantando y rebuscando. Provisional será aquel de los helados, que ayer vendía chicles, anteayer lavaba parabrisas y la semana pasada vendía bonais. Tengo sitio fijo. No se inmutó, me quitó el plante. Quedé con esta cajetilla de cigarrillos para menudearla entre los que pasan y los taxistas: el servicio a bordo. ¿Usted es escritor? ¿De que periódico? ¿Independiente? mejor dicho: otro desempleado. Bueno vamos, no hay problema: a lo que quiera invitarme. Usted es el que paga. Entremos a ese. Muchos de mis clientes salen de tomar café acá y van directo a comprarme. Después del tinto, cigarrillo. ¿Quién atiende? Caramba. Hay que aprovechar que me dejaron entrar. Porque vengo con usted, de otro modo me sacan a sombrerazos. ¡Servicio! Dos jugos de naranja y cuatro panes. ¿Usted también quiere algo? ¿No? Déjese atender. A los escritores también les da hambre. Si escribe un cuento de esto le cobro los derechos de autor. Mentiras. Yo también podría escribir si me lo propusiera y tuviera tiempo. Podría, del verbo podrir. Como le decía: eso es lo que hay que aguantar con los agentes que custodian el "espacio público". ¿Es que yo no soy público?, ¿o el espacio es sólo de las empresas privadas? De haber nacido en otro país yo no andaría en estas. De niño decía que cuando grande quería ser extranjero. Allá tienen educación, salud asegurada... y el resto: papita para el loro. Aquí no hay oportunidad. Capacidades son las que tengo. Fíjese no más la capacidad de aguante. Pero estoy en desventaja. Cada día empezar de cero, buscando los tres golpes, si tuviera al menos el desayuno asegurado. Como hoy. ¿Va a publicar todo esto? Escriba pues, o ¿está grabando? ¿Quiere pan? Está caliente. Claro, llevan calentándolo como tres días. Es broma. Parece recién horneado aunque el jugo sabe a enjuague de licuadora, a fruta no. ¿Seguro que no quiere? Usted se lo pierde ¿Ya publicó algún libro? Buen título. ¿Sí los vendió todos? ¿Y de que vive entonces? Usted siquiera. Yo me conformaría con haber cobrado sueldo de hijo, al menos hasta los doce años.

Ilustración Jr.

 

En agosto cumplo treinta y cinco de edad, veintinueve de trabajo, ya es tiempo de tramitar la pensión, ¿no cree? Eso, ríase. Hay otros que la tienen peor, yo soy afortunado. Al menos vendo mis cosas en este semáforo de la Oriental. Cada que puedo. Claro, usted más afortunado. Cualquiera que tenga un billete de esos. ¿Aquí si tendrán devuelta? Si quiere yo voy y se lo cambio con el chancero. ¿Desconfía? Entonces la cosa es mutua. Ojalá salga algo bueno de lo que le conté allá afuera. Tema si tiene, falta ver si también talento. Terminemos ya que estoy perdiendo clientela por estar conversándole aquí tanto rato. ¿No va a preguntar nada? ¿Qué va a escribir pues? Bueno, gracias por el desayuno. ¿Vuelve mañana? ¿O con esto ya tiene la historia? No, por nada... no más para que conversemos. Es que usted habla muy bueno. Acépteme este cigarrillo a cambio. ¿No fuma? ¿entonces que vicio tiene? Bueno, adiós pues, ¿nos vemos? nos vemos en el espejo, será nos veremos. Y eso que tampoco. No creo que vuelva a verlo, pero ya sabe donde encontrarme. Boro, boro, Marlboro.UC