Síguenos:




Número 26 - Agosto de 2011  

De memoria
Historias largas y cortas.
www.casadelamemoria.com.co
Una ventanilla tan siniestra como indispensable.
Dolores
Catalina Puerta
 

Una mujer de 65 años que perdió a tres de sus hijos. Su historia hace parte del Museo Casa de la Memoria, un proyecto de la Alcaldía de Medellín que trabaja por el reconocimiento de la violencia y conflicto histórico en la ciudad, bajo la consigna de "Recordar para no repetir".
 

Henry salió de la casa a las 7:30 p.m. a acompañar a su novia al paradero de los buses en el barrio Tejelo. Al siguiente día llamó la novia a la casa a preguntar por él y Dolores, su mamá, le dijo que él no había vuelto. "Por esos días estaban recogiendo gente para investigarla por lo que pasaba con Pablo Escobar, los cogían y se los llevaban" dice Dolores. Ella no se preocupó tanto, pero al miércoles, viendo que él no llamaba, se encontró con la novia y fueron a buscarlo por el barrio y a la Políclinica, pero nadie les dio razón.

Lo buscaron miércoles y jueves, y nada, y ya el viernes Dolores amaneció muy maluca. Como ella trabajaba ahí al frente del anfiteatro vendiendo aguardiente y fritanga, y muchas veces pedía que la dejaran entrar para ver quién conocido había llegado muerto, le pidió a su hija que la acompañara a indagar, después de no haber querido entrar por esos días por miedo a que su hijo estuviera ahí. Fueron al anfiteatro, y cuando pasaron a las mesas Dolores pasó tranquila, porque estaba acostumbrada a mirarlos, y él no estaba; cuando llegaron a las cavas, la hija se asomó: no estaba ni en la primera ni en la segunda, pero estaba en la tercera…

Rodrigo Montoya, hijo de Dolores.
Rodrigo Montoya, hijo de Dolores

A Dolores le tocó volverse muy fuerte para hacer todas las vueltas y poder enterrarlo.

—En el papel que me entregaron allá, con el que me mandaron al juzgado, decía que lo habían encontrado en la Curva del Diablo; con los cordones de los tenis estaba amarrado, junto a una señora que dizque vivía en Buenos Aires…", dijo.

Henry fue asesinado a los 23 años. No tenía antecedentes ni problemas con nadie, y su entierro fue el viernes 13 de julio de 1990. Días después Rodrigo, otro hijo de Dolores, le dijo que se iba a ir para Bogotá a trabajar, porque allá había más trabajo que acá en Medellín, por aventurar. A los dos meses de la partida de Rodrigo, Dolores se fue a trabajar allá para buscarlo: dos meses de silencio hacían pensar en una nueva y repetida desgracia. Estuvo en el anfiteatro, le mostraron fotos, pero nunca reconoció a ninguno, y nunca ha sabido nada; él nunca llamó, y nadie sabe dar razón de él, ni en Bogotá ni mucho menos en Medellín.

Nueve años después del entierro de Henry y sin noticias de Rodrigo, su hermano Óscar, de 31 años, fue detenido por la Policía y llevado a Bellavista por el hurto de una cadena y un reloj —que le habían regalado sus tíos—, explica Dolores. Salió de la cárcel un jueves.

—Yo había ido a pagarle la fianza, pero la fiscal me dijo que otra persona ya la había pagado, entonces fui y le conté a mi otro hijo. Él me dijo que seguramente era esa gente que se la tenía montada… Yo no sé cual problema tenia él con ellos; él tampoco era un santico, pero no sé nada de eso, dice Dolores.

Tiempo después, Dolores fue a buscar a su hijo porque no había hablado con él durante varios días. Se fue a preguntarles a unos conocidos de él que se encontraban en Prado Centro, cerca de la estación del metro. Llegó a una caseta y preguntó por un muchacho y una muchacha que le decían La Tusa. Ellos le contaron que unas personas sacaron a Óscar a las 9 de la noche del hotel en el que se hospedaba, le dieron un tiro en cuello, lo montaron a un carro y lo botaron por el Edificio Inteligente.

—Yo lo buscaba por todas partes, y finalmente lo encontramos en Políclinica, en el salón azul; lo habían operado porque una bala le había atravesado la aorta. A los 15 minutos de encontrarlo estaba en coma, no había reaccionado; luego se le vinieron las lágrimas y murió, el 2 de febrero de 2000. Lo enterramos al siguiente día.

Luego de una llamada de la Fiscalía, Dolores fue a buscar a La Tusa y a su amigo para que sirvieran de testigos. Esa semana también segaron sus vidas: ya no estaba ni el uno ni el otro.

Actualmente, Dolores, madre de Rodrigo, Henry y Óscar, es acompañada por profesionales del Programa de Atención a Víctimas del Conflicto Armado de la Secretaría de Gobierno de la Alcaldía de Medellín. UC