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Número 14 - Julio de 2010   

  
Crónica verde

La Mona paraguaya
 

El viejo mito del paco de marihuana meado por distribuidores con una vejiga de malas intenciones no es exclusivo de nuestro valle. La marihuana prensada tiende a humedecerse y a desprender un olor a amoniaco producido por la degradación del nitrógeno. Entonces aparece la desconfianza en los remotos empacadores que convierten un cogollo jugoso en un ladrillo de ramas, pepas y grillos. También hay quienes dicen que no son solo sospechas. Que efectivamente algunos productores se mean en su carga para lograr que se seque más pronto o para quitarle aroma a la hora de cruzar frente al hocico de los policías y sus perros.

En Argentina es normal la queja contra la marihuana que llega desde el oriente del Paraguay, en la frontera con Brasil. Incluso un inspirado compuso un tango en aire de reclamo contra los guaraníes encargados de abastecer de hierba a Argentina, Uruguay, Chile y regiones de Brasil.
 

"Miseria Paraguaya

La mierda que te venden en cada plaza, / que es pura hoja, bosta y resaca. / El prensado con olor a caca, / a amoniaco, a plumas, a gamexane, a nafta. / Ni en tus peores pesadillas sabrás que le ponen. / Huele a cualquier cosa, menos a flores. Todos esto es una gran falla / miseria paraguaya / oferta y demanda, un juego canalla / miseria paraguaya / nuestra ignorancia diaria, que otorga y calla / miseria paraguaya".

Sea con un aditivo de orina o sea al natural, la Miseria Paraguaya le da de fumar a buena parte del continente. Es difícil imaginar a Paraguay como una potencia mundial en materia cannábica. En Colombia, donde nos autoabastecemos de hierba y tenemos mafiosos de sobra al interior, queda poco tiempo para pensar en marimberos ajenos. Y sin embargo, según el más reciente informe de Naciones Unidas, Paraguay es el principal productor de marihuana de Suramérica y el segundo del mundo detrás de México.

 

Capitán Bado, un pueblo con apenas 20.000 habitantes, situado en la frontera con el estado brasileño de Matto Grosso do Sul, separado de Asunción por casi 600 kilómetros, es la capital verde del país. Allí se produce el 60% de la marihuana paraguaya y tiene el dudoso honor de haber sido la última madriguera del capo brasileño Fernandinho Beira Mar. Los cariocas dominan el negocio y los paraguayos sirven de sencillos mayordomos. Desde mediados de 1960 se siembra hierba en las laderas del oriente paraguayo y las versiones sobre quienes llevaron el cultivo son variadas. Una de ellas, por supuesto, habla de semillas colombianas y dice que Pablo Escobar tuvo socios en la ciudad de Pedro Juan Caballero, la capital oriental del país, cercana a Capitán Bado y con igual vocación para la siembra de la Mona.

Algunos argentinos cansados del paco meado y engomados con los sabores holandeses han llevado semillas de skunk y otras delicias índicas para variar en algo el polen de las sativas comunes. El polen puede volar 5 kilómetros y, según dicen los catadores, el experimento ha dejado nuevos sabores en la barilla paraguaya. Los jefes brasileros también llevaron sus ingenieros agrónomos y ahora se dan dos cosechas al año en las montañas cercanas a Capitán Bado. La vigilancia funciona más o menos bien. Es normal que algunos policías se tomen las fotos para la prensa destruyendo cultivos cuando ya los cogollos han sido cortados y las matas son simple maleza. Otros se encargan de transportarla en sus mismísimas patrullas. Los más sorben mate y cierran los ojos mientras sus vecinos pasan por debajo la otra hierba de la región. Durante la conquista española se llegó a penar con cárcel y azotes el consumo del mate. Los curas jesuitas habían decretado que la infusión volvía "flojos, holgazanes y sin honra" a quienes la tomaban. Los policías del oriente paraguayo parecen haber concluido que la acusación es falsa para la hierba mate y para su colega de los "cabellos ardientes".