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Número 14 - Julio de 2010   

Editorial
Independencia gritan

 

Independencia gritan, Universo Centro N°14
Se conmemoran por estos días con derroche de pólvora y luces de pirotecnia 200 años de independencia y en UC nos queda la sensación de que no está muy claro de qué estamos hablando.

Si nos referimos a los 200 años del Grito de Independencia (y vaya nombre para una celebración nacional), digamos que está bien. Pero lo ocurrido el 20 de julio de 1810 fue una gresca callejera en la que no se pretendía ni siquiera desconocer la autoridad de Fernando VII sino la de José Bonaparte, el hermanito de Napoleón que en 1808 lo había obligado a abdicar. Y si de Cabildo Extraordinario pasó a Cabildo Abierto y de ahí a Junta Suprema en un incipiente concepto de Estado-Nación, la cosa no cuajó y en esta primera salida lo que procreamos fue "La patria boba", un período de guerras civiles entre centralistas y federalistas que terminó con la reconquista española en 1816 sin que, a propósito, dejáramos de ser la Nueva Granada.

Además, la independencia propiamente dicha, nuestro nacimiento campesicomo república soberana, no se vino a sellar sino hasta el 7 de agosto de 1819 en la Batalla de Boyacá.

De manera que tocará prepararse porque vamos a tener Bicentenarios para rato.

Porque además de la Batalla de Boyacá, también tendríamos que celebrar el día en que dejamos de ser Nueva Granada y empezamos a llamarnos Colombia, de acuerdo con la Constitución que promulgó el 30 de agosto de 1821 el Congreso de Cúcuta, así durante unos pocos años en el siglo XIX hubiésemos adoptado el ostentoso introito de Estados Unidos.

Eso sin contar conque después de la independencia de los españoles siguieron las independencias de esa Colombia unida que soñó Bolívar, en un reguero de levantamientos y guerras civiles y secesiones que dieron origen a cinco nuevos países: Venezuela, Perú, Ecuador, Bolivia y ya en 1903 a Panamá, gracias a la sutil insinuación de I took Panama que pronunciara Theodore Roosevelt, fecha en la que, por ahora, terminó el desmembramiento.

Concedamos pues que conmemo ramos un grito, el primer berrido después del parto, así en unos pocos años hubiésemos tenido que regresar al útero de la Madre Patria.

Pero igual cabría preguntarse cuando se terminó de independizar Colombia si es que en verdad somos independientes, porque, una vez se fueron los españoles llegaron los banqueros ingleses a cobrar la platica que se gastó en la gesta y que no se terminó de pagar hasta mediados del siglo XX. Y luego los gringos, que entre el Pentágono, la United Fruit, la ITT y las compañías petroleras, nos legaron su guerra total contra el comunismo, cuya estrategia se centraba básicamente en la conformación de grupos civiles de contrainsurgencia para eliminar al enemigo interno (un invento que en Colombia comenzó a operar en 1963 y no para), el asesinato como instrumento político para barrer con la oposición (que si ha disminuido es porque hicieron muy bien su trabajo y así como acabaron con la UP, también acabaron a bala con el sindicalismo, la organización estudiantil y campesina), la persecución contra toda forma de organización social y, sobre todo, esa manía de combate que tiene el Tío Sam, según la cual no hay victoria posible hasta que no se arrase con todo, incluyendo personas, infraestructura, recursos naturales o lo que se atraviese en su afán devastador.

Una guerra (contra el comunismo) que a propósito en Colombia sigue como si nada, pese a que según las cuentas de Fukuyama que copia haciéndose agüitas José Obdulio, la historia terminó, que la democracia liberal es el último peldaño de la evolución humana y que eso de luchar por una sociedad sin clases sociales ni estado donde cada quién aporte según su capacidad y reciba según su necesidad, es historia patria, letra muerta, porque a los seres humanos no nos mueve otra cosa que el interés personal; el yo con yo y los demás que se jodan, doctrina que tiene a la humanidad al borde de la extinción.

Porque esa es la otra arista de lo irónico de la celebración del dichoso Bicentenario de la Independencia y es que hoy por hoy, aunque quisiéramos, no podemos ser independientes. Habitamos un mundo globalizado no sólo por la red o la interdependencia económica y política, sino porque habitamos todos, ricos y pobres; blancos, amarillos, negros y mestizos; taoístas, islámicos, católicos y cristianos, un único e irremplazable planeta que agoniza.

Algunos expertos afirman que el calentamiento global y el consecuente cambio climático no tienen nada que ver con la acción del hombre y que no se puede acusar de esta debacle a la contaminación ambiental. Digamos que pueden tener razón, pero eso no cambia las consecuencias.

Ni altera la única salida posible para la especie humana: el trabajo ecuménico, mancomunado, verde, pacífico y solidario, para preservarnos como civilización.