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Número 07 - Noviembre de 2009   

Artículos
El rey está desnudo
Guillermo Cardona Marín
 
El rey está desnudo
 

Definitivamente nuestra entrañable Medellín no cambia y de pura mojigata se volvió más novelera. Pero ahí vamos. Poquito a poco a lo mejor vamos aprendiendo a aceptar las diferencias y a entender que no todo lo que a uno pueda parecerle malo tiene que ser delito.

La casa editorial UC quería celebrar el primer año de la publicación con una nueva toma de la empelotada que fue carátula en el primer número, con los mismos o con otros invitados, dispuestos a posar en la calle como si fueran para la ducha.

¿Exhibicionismo? ¿Ganas de joder? Ni lo uno ni lo otro. Era la expresión escueta de que las personas que habitan o visitan el centro, o sea los ciudadanos todos, somos patrimonio de la ciudad, mucho más importantes que los edificios y las calles. ¿Y por qué desnudos? Porque desnudos estamos en igualdad de condiciones, igual de indefensos. El amo y señor de la naturaleza, la cúspide de la cadena alimenticia, en bola, ciertamente no asusta a un pollo, pero hay en ese pequeño y frágil cuerpo humano tal carga de energía e inteligencia que hemos sido capaces de sobrevivir a diez mil hecatombes. Se trataba de hacer una exaltación del cuerpo como ese grial donde reposa la conciencia de la vida, un cuerpo digno de respeto y consideración privada y pública.

La cita era el domingo 15 de noviembre, a las tres de la tarde, pero mucho antes de que aparecieran los primeros voluntarios citados a través de Facebook, empezaron a llegar los periodistas que rara vez se aparecen por el Parque del Periodista. Avisados del acto a través de un comunicado de prensa de UC que pretendía atraer modelos, concurrieron reporteros y camarógrafos de CNN y Reuter, de Caracol y RCN radio y televisión, de Noticias Uno, del Canal Une, Telemedellín, Teleantioquia; Todelar, El Tiempo, El Mundo; hubo hasta una representante de El Colombiano, concretamente de su filial Q'Hubo; no faltaron sino Televida y la revista SoHo. Llegaron en total cuarenta representantes de los medios, todos tras la noticia bomba de que un grupo de residentes del centro querían posar desnudos para el periódico del centro.

Los improvisados modelos que acudieron a participar en la toma obviamente se asustaron con lo que parecía más una rueda de prensa que una sesión fotográfica. La mayoría incluso se devolvió para sus casas.

El consenso entre quienes trabajamos en UC fue que los periodistas estaban en todo su derecho. Al menos no venían con ánimos de poner problema sino de noveleriar. Obviamente en Medellín hay noticias de mayor interés, temáticas de gran relevancia para toda la ciudadanía y donde realmente se requiere la labor fiscalizadora y orientadora de la prensa diaria, pero dado que allí estaban, dispuestos a convertir una simple empelotada en una chiva nacional, no había nada qué hacer. Era un acto público en el espacio público y mal haríamos nosotros como periodistas si coartábamos el trabajo de otros periodistas.
 

 

Quedan para la inevitable reflexión varias preguntas: ¿Por qué acuden prestos y puntuales tantos medios de comunicación a una empelotada? Porque se trata de un hecho cultural raro por estos lares, sería una respuesta; pero podríamos decir que es igual de raro que en una ciudad como la nuestra hayan asistido casi 300.000 personas a la reciente Fiesta del libro, para poner sólo un ejemplo, y allí los periodistas llegaron desgranados y desganados.

¿Y por qué algunas personas no se desnudaron y se fueron al ver tanta prensa y las que al final lo hicieron sólo aceptaron desnudarse para Universo Centro, no por pudor, sino por simple afecto? Porque la confianza de muchos ciudadanos en la gran prensa está resquebrajada, nos atrevemos a contestar nosotros. Pero ¿de que les sirve a los desnudistas ponerle condiciones a los medios si al fin de cuentas la foto, una vez publicada, puede ser reproducida con facilidad por la prensa y circular rauda por la vasta internet? Una vez desnudos ¿no da lo mismo que los vean cien, mil o un millón de mirones? No obstante, hubiera sido beneficioso, y con seguridad gracioso, ver las diferencias entre el enfoque periodístico de Q'Hubo y Noticias Uno, para hablar de solo dos extremos. Por último: ¿Valdrá la pena repetir alguna vez la empelotada? Ya lo veremos.

En este caso primó la decisión de quienes querían participar en la foto y la del fotógrafo Juan Fernando Ospina y se le dijo a los reporteros que la toma se cancelaba y simplemente esperamos hasta que se fuera el último para hacerla. Fue cuestión de un minuto en el portón de El Guanábano.

Y acá tenemos el resultado.

Lo primero que llama la atención es que los modelos posan sin posar, ignoro si relajados pero al menos tranquilos, como para una foto de paseo. Sólo una de las siete chicas se desprende de las bragas y el calzado, prendas que las demás conservan como un último recurso para preservar la intimidad, mientras los tres varones participantes van descalzos y dejan al aire sus pipíes, ajenos a elucubraciones y estereotipos. Igual todos están desnudos, pero tampoco es el consabido desnudo artístico. Es un desnudo pleno de humanidad, de una belleza simple y cotidiana.

Hay interacción entre los fotografiados; sonríen y miran a la cámara más como quien observa que como quien es observado, como diciéndose "ve, cómo se verá desde allá", del otro lado, Y al otro lado, ahora frente a la imagen impresa en las páginas de UC, el lector o el voyeur podría verse a sí mismo también en cueros en el reflejo de su semejante.

Porque ciertamente si esta foto cayera en manos del niño de la fábula, de seguro diría y con razón: el rey está desnudo.UC

El rey está desnudo