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Número 07 - Noviembre de 2009   

Editorial
Colombia puede empeorar
 

No hay que ser experto en nada para entender y tener claro que un país que descuida la educación está condenado a lo peor. Cualquiera lo sabe. Todas las familias colombianas, desde hace tiempos, han puesto sus sueños en la educación de los hijos, al unísono han tratado de salvar a la generación que sigue, y no han dejado de soñar pese a que este país siempre ha sido un desierto de oportunidades para la mayoría.

La madre más pobre, esa que apenas aprendió a leer y a escribir, es capaz de doblarse en el trabajo con tal de garantizarle el estudio a sus hijos, para que sean "alguien en la vida". A su vez, un padre que haya conseguido ser profesional universitario, sí que comprende la importancia de la educación para sus descendientes. Hasta el que no los tiene defiende, en general, los beneficios de una sociedad más educada.

Es rarísimo que los colombianos, de arriba abajo, de un lado hasta el otro, estemos tan de acuerdo en algo. Tendrían que comprar muchas encuestas y noticieros y periodistas para convencernos de que es mejor un país con menos estudiantes. Entonces, hay que ser muy tonto, muy tapado, ser dueño de una terca ignorancia (o ser malévolo en extremo, vil) para atravesársele a la sabiduría elemental y práctica, y destinar más presupuesto a la guerra que a la educación.

Eso es lo que acaba de hacer el Presidente Uribe. Sin dársele nada, hollando en el pantano de su seguridad democrática, haciendo soberbio uso de su proclamada inteligencia superior, a horcajadas en su popularidad, maquinando en el Congreso, logró que los escasos pesos se invirtieran en armas y uniformes camuflados, quitándoselos a escuelas, colegios y universidades. Sí, hijitos: En el 2010 la plata de los colombianos se invertirá más en la guerra y menos en la educación.
 

 

Ya sabemos de lo que nos van a acusar: que decir eso es de terroristas y enemigos de la patria y que, bien mirado, es falso de toda falsedad. Una malformación de la estadística; como las encuestas. Porque si bien el presupuesto de defensa es superior al de educación, es necesario comprender que dentro del presupuesto de defensa, hay una buena porción dedicada a la instrucción (léase, educación) de soldados, francotiradores y guardaespaldas del DAS. Y que las cosas cambiarán cuando acabemos con la FAR.

Y en eso tienen algo de razón. Entre tanto se extermina al último insurgente (quizá algún menor de edad reclutado a la fuerza, despedazado por una bomba racimo), la mejor opción laboral en Colombia es el sector seguridad, pues lo único que necesita Uribe (y la patria) son soldados, francotiradores, detectives chuzadores y especialistas en explosivos. ¿Y si algo sale mal? ¿No necesitarían un médico, una enfermera, un ingeniero para reconstruir los edificios dinamitados, un ortopedista que enderece el caminar de las víctimas de las minas quiebrapatas?

Mal negocio por donde se le mire. Porque puede que para ser militar, guerrillero o paramilitar haya que estudiar algo. Mas, ciertamente, a juzgar por los resultados y los métodos, ni los militares se han leído a Sun Tzú ni a Clausewitz, los guerrilleros no han estudiado a Marx y los paramilitares no han masiao a José Obdulio.

Aquí en UC seguiremos insistiendo en una fórmula civilista: La gente es el más grande patrimonio de un país.UC

Editorial