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Número 06 - Octubre de 2009   

Artículos
¡Y no nos vamos!
 

Parque PeriodistaA la administración de esta provincia con delirios de metrópolis no le gustan sino los sitios impolutos y resplandecientes. Maquillar de desarrollo lo que está a la vista, para permitirse dejar en el abandono los lugares donde reside la miseria, que son la mayoría. Le ha gustado siempre, picada por la ambición, aparentar que todo es muy lindo, muy decente, que nadie esconde dentro del pecho ninguna locura. Se ha dejado lavar el cerebro del ideal de limpieza y perfección de la ciudad moderna, y le ha declarado la guerra a los lugares donde viven la mugre y el desecho. Así ha pasado, por ejemplo, con Barrio Triste, que ha resistido durante años, con su grasa impenetrable y su vocación marginal, los embates del gobierno local que pretenden despejar para los ojos de los extranjeros su bonito epicentro. Su Centro Internacional de Convenciones, su Edificio Inteligente. No vaya a ser que algún turista crea que de verdad somos una ciudad pobre e inequitativa.

En los últimos meses, y con especial insistencia, se ha manifestado en el Parque del Periodista esa progresista manía "limpiadora". Se prohíbe tomar cerveza, se prohíbe parquear motos y carros, se prohíbe incluso fumar. Que porque "los borrachos no usan el raciocinio", que porque el espacio público no es para los vehículos, que porque fumar es malo y hay que salvar a la gente de sus malas decisiones. O sea, tratan de arrebatarme mi derecho inalienable a matarme como mejor me venga en gana. Se me ocurre pensar en la Basij de Irán, Guardia Revolucionaria encargada de hacer respetar la ley islámica y de controlar la moral en la calle. ¿Habrá que gritarle, a los que hacen la norma y la imponen, que no todos necesitamos un papá que nos diga qué es lo que tenemos qué hacer?

Desde que se abrieron los primeros bares, hace ya casi 20 años, el Parque nunca está solo, ni siquiera en domingo. Por la fuerza de atracción de un imán gigante enterrado bajo tierra, porque se vive y se siente la tolerancia que en tantos otros lugares falta, porque es, por antonomasia, el espacio propicio para la "autoexpresión" que pregonó Fernando González, el filósofo de Otraparte. Por la razón que sea, hemos elegido estar ahí, y eso nos da el derecho.

¿En qué ciudad está pensando la administración? ¿Hacia dónde van encaminadas esas acciones represivas que amenazan en convertir uno de los mayores ejemplos de convivencia en un lugar desolado? Que por la Asamblea del BID, que porque se vienen los Juegos Suramericanos de 2010, con su Circo del Sol y su parafernalia. ¿Para qué queremos eso, si no podemos estar tranquilos sin que un policía nos prohíba estar donde queremos estar? Resulta bastante hipócrita que quieran convertir la ciudad en una atracción para los visitantes, y que en el camino nos estén dejando damnificados a los que siempre hemos vivido acá.

Aunque seamos los "vagos" y "perdidos" del Guanábano, también somos ciudadanos. Tenemos derecho al espacio público, y en esta ciudad no es que haya mucho de dónde elegir. El espacio público no es para salir del trabajo a coger el bus pa la casa, sino para que la ciudad florezca a la luz de la conversación. Con una cerveza y un cigarrillo, si nos da la gana. Porque nos gusta conversar, aquí esperamos a los autoritarios para arreglar la suerte de este lugar que lleva 20 años dando guerra y sabe cómo resistir. UC