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Número 06 - Octubre de 2009   

Crónica verde 
 
Crónica verde

Giro en U
 

En mayo pasado se cumplieron 15 años de la sentencia de la Corte Constitucional que despenalizó el porte y consumo de la dosis mínima. La histeria fue la principal protagonista en los días posteriores al fallo. Se oyeron declaraciones muy parecidas a las que llenaron la prensa gringa en la década de 1930 durante el primer impulso a la cruzada antidrogas. Le preguntaban a Harry J. Anslinger, un paranoico que fue el primer comisario de narcóticos de Estados Unidos, por los efectos de la marihuana y el hombre respondía: "Algunos pierden por completo el sentido del tiempo y los valores. Hay quien se sume en un episodio delirante de ira, y dado que es irresponsable temporalmente, pude cometer crímenes violentos. Otras personas ríen descontroladamente. Otros experimentan una creciente sensación de fortaleza física". Ese era tipo de monstruos que según la prensa colombiana de 1994 llenarían los parques y los alrededores de los colegios. Una de las voces sensatas frente al escándalo del momento fue la de Luis Carlos Restrepo. El psiquiatra de aquel entonces acababa de publicar un libro llamado La fruta prohibida, una especie de alegato en contra de la guerra absurda que los puritanos habían terminado por imponer a todos a punta de proyectar sombras e inflar demonios. Restrepo tenía experiencia en tratamientos de rehabilitación y exhibía la postura de un experto liberal frente al tema. Su libro y la sentencia compartían un espíritu común, casi se citaban mutuamente. Ahora que Luis Carlos Restrepo es un político, el director del partido de la U para más señas, parece interesante contrastar algunas de las afirmaciones de La fruta prohibida con el delirio de su jefe que está muy cerca de revertir la sentencia por la vía de una reforma constitucional.

Frente a la discusión que primero habló de tratamientos obligatorios y ahora propone trabajo social con un policía a la espalada de los consumidores, Restrepo subrayaba la torpeza de los métodos y la efectividad del chantaje: "Del universo de los conocimientos inútiles hacen parte las polémicas acerca de los procedimientos políticojurídicos para controlar el problema, y los discursos de aquellos que con tonalidad apocalíptica hablan de la responsabilidad que a todos nos compete por la existencia de situación tan peligrosa".

Al lado de un Álvaro Uribe serio y lloroso frente al despropósito de luchar contra la mafia y permitir el "envenenamiento al detal de los muchachos", el lejano psiquiatra de entonces llama pueriles y estúpidos los esfuerzos por satanizar todo consumo y remata:

 

"En pocas empresas de la historia humana, como en la lucha contra las drogas, se ha difundido tanto mal en nombre del bien, se ha aplastado tanto la libertad mientras se dice defenderla".

Recordemos que Uribe intentó penalizar la dosis mínima en su fallido referendo de 2003. La pregunta sobre la droga no era más que un anzuelo para jalar a los padres de familia hasta el cubículo: "La prohibición es alentada por la demagogia interesada de algunos gobernantes", dice el libro de Restrepo sin imaginar que iba terminar siendo el parlante de uno de esos demagogos. Se podría pensar incluso que el Restrepo de hoy le lee el libro a su jefe con los ojos del estratega político: "Al presentar al ciudadano como un ser pasivo, asediado por las fuerzas del mal, que no tiene alternativa diferente a respaldar las salidas represivas que le ofrecen sus dirigentes, de manera implícita se da a entender que la solución al problema depende del fortalecimiento institucional y de la efectividad de aparato policial. Un sencillo sueño autoritario. Discurso apto para una clase media trabajadora y consumista, despolitizada y obsesivamente preocupada por su seguridad, que se aterra ante la posibilidad de que sus hijos sucumban frente a ese enemigo desconocido".

Estaría bien que alguien sentara al psiquiatra en el diván para tratar su doble personalidad. Y una vez curado del trastorno, le sugiriera la lectura de un párrafo en voz alta para los oídos de su jefe: "Los cruzados de la guerra contra las drogas limitan el derecho individual del consumidor, negándole un disfrute que se adscribe a una esfera privada de decisión. Pero como se supone que es derecho de la sociedad y de los mismos enfermos que la ley los proteja de sustancias que atentan contra la especie humana, en nombre del bien común se rompe el paradigma de la libertad, hiriéndose de muerte la dinámica de las sociedades abiertas mientras se facilita la militarización de nuestras democracias".

 

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