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Número 34 - Mayo de 2012     

Artículos
No es un festivo más
Sergio Valencia - Fotografías Juan Fernando Ospina

No es un festivo más
 

Pese a que una de las consignas grita feroz que "es un día de rebelión, no de descanso", la del Primero de Mayo es una marcha de fantasía. Para rememorar el levantamiento de un grupo de obreros norteamericanos en el siglo XIX, se reúnen en las calles de todo el mundo miles de trabajadores, desde hace más de 100 años. Exigen año tras año que cese la explotación capitalista. "Algún día lo lograremos", piensan.

No es un festivo más

Impresiona que lo sigan haciendo. Sorprende que marchen organizados los sindicatos, al menos por un día, que unifiquen sus reclamos y dediquen imaginación a sus comparsas y algo de novedad a las pancartas. Es alucinante lo elemental de su protesta vigilada por tanta policía erizada. 

No es un festivo más

En Medellín, la marcha proletaria es fantástica porque sigue siendo la misma. Se niega a cambiar. Hoy en que todo se transforma en un espabilar, los obreros persisten en lucir camisetas con dibujos de puños en alto, hoz y martillo, y abreviaturas ilegibles (fedetcocdean, sinthol, sintraemsdes… y así por los siglos de las siglas), en medio de música autóctona y detrás de un camión que carga inmensos parlantes que vociferan contradicciones como esta: ¡Por una sociedad mejor, progresista, democrática y de izquierda!

 

"No cambia. Hay volantes, como el que repartió el Grupo Comunista Revolucionario de Colombia, que proclaman que "el mundo es un horror para miles de millones de personas, incluso llevando al suicidio a miles de ellas" (sic). Por eso "este injusto mundo solo corresponde derribarlo". Y enseñan que "el comunismo, como toda ciencia, no se desarrolla a la manera en que se prepara una lasaña". Algo tan difícil de entender como lo que predica el volante de la CUT a los curiosos del barrio que se asoman a los balcones: "La tercerización laboral precariza el empleo". Por el contrario, el volante de la Asociación de Empleados de la Justicia es clarísimo: después de invitar a la marcha para "iniciar una madura reflexión acompañada de la reposada imaginación constructiva, de tal suerte que se despliegue un abanico de fuerzas que permita al fin vislumbrar las posibilidades de unión en función de un futuro posible…", enfatiza en que "habrá camiseta para los participantes". 

No es un festivo más

Pero temo que uno de los pocos cambios que ha tenido la gloriosa marcha sea la marca de su fin. Se trata de la aparición del comején capucho. Esos que han logrado por la fuerza de sus explosivos asustar a los marchantes en los últimos 4 años. Los que se cuelan por delante y por detrás, sin ser invitados, y dislocan la marcha hasta convertirla en una repetida faena de encapuchados versus policías. Quizás por eso se visten de negro y no dejan ver sus caras, iguales al Esmad, su pareja de baile.

Con sus papabombas lograrán, si nadie se les planta, que el necesario Primero de Mayo no sea un festivo más sino un festivo menos.UC