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Número 32 - Marzo de 2012     

Crónica verde
Diversificar

 

Un barco cabeceante, cargado de 50 toneladas de marihuana, con sus siete marineros mareados por el olor y el vaivén, sirve como protagonista de una escena bucólica de lo que llaman narcotráfico. La paciencia y la línea orgánica en los tiempos de las lanchas blancas tanqueadas en San Andrés y los submarinos coqueros Made in Tumaco. Mover marihuana es arriesgarse con las grandes bodegas, aventurar con una nave nodriza. Porque nadie puede hacerse rico llevando hierba en el dobladillo del pantalón o en un recodo del duodeno. El musgo debe comprimirse, amarrado con zunchos, en bloques tan inofensivos como los que forma el algodón. Nuestra marihuana ha olvidado las grandes travesías para acostumbrarse a un viaje por tierra desde al Cauca hasta donde los mayoristas en las ciudades.

Además se ha perdido el norte del negocio. Hace unos meses la policía mexicana encontró un sembrado de tomates que languidecía bajo una cama de marihuana de 120 hectáreas. Una gasa negra lo protegía del sol y los fisgones. Las fotos tomadas desde los helicópteros muestran un extraño rectángulo sobre el desierto. Una se esas intervenciones desmesuradas sobre el paisaje que los artistas llaman Land Art. Para que llevar moño desde Colombia cuando los mexicanos hacen de latifundistas al píe de la reja en Tucson, El Paso o Laredo. Eso sin contar que los gringos legalizan sus cultivos en California para surtir a sus consumidores convertidos en pacientes por obra y gracia de un carné.

Qué lejos están las hazañas de un barco como el barco Labrador reseñado por última vez en febrero de 1977. El mismo que algunas veces usó el alias de Night Train. Su capitán barranquillero había recogido en la Guajira las 53 toneladas de marihuana para llevarlas cerca de las costas de Miami. Su idea era tirar el ancla y esperar al pequeño enjambre de botes que llevaría la carga por rutas distintas hasta tierra firme. Otra nave nodriza. Los barcos eran la competencia de los ruidosos DC-3. Los pilotos alardeaban y se creían de mejor familia. Pero resultó que algunos hombres de la DEA, de seguro cubanos o puertorriqueños, habían penetrado desde hacía meses el clan de la Arenosa y el Ladrador hizo su último viaje.

Crónica verde

   
No más riesgos con un barco cargado de marihuana que rendía lo mismo que una maleta con doble fondo premiada con cocaína. Los últimos que lo intentaron unos años más tarde fueron los samarios Raúl Dávila Jimeno y Eduardo Dávila Armenta. Sus flotas de barcos y aviones apenas servían para sostener las deudas que dejaba el Unión Magdalena. Equipo de sus amores y su bolsillo.

Pero las noticias traen sorpresas. Parece que los viejos tiempos pueden volver aunque de una forma más modesta. Hace unos días fueron decomisadas 8 toneladas de marihuana en el Cauca. La carga Iba camino a Buenaventura donde según dicen sería marcada con sellos de Estados Unidos y Europa. Vuelve y viaja nuestra María. Así sea como helecho para proteger los paquetes de coca. UC

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