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Número 32 - Marzo de 2012     

Caído del zarzo
Dos almas que en el mundo
Elkin Obregón S.
 

Cuando el maestro Gelsomino se jubiló, le pidió al dueño de la compañía que le vendiera al pianista. A lo largo de esos años había ahorrado —pensaba— lo suficiente para comprarlo, lira sobre lira, sin invertir en las goteras de su techo. Seguramente porque ya habían pensado en cambiarlo, se lo entregaron, por una fuerte suma, que el maestro Gelsomino pagó sin protestar. Y hasta hoy duerme el sueño y el despertar de los justos, en el armario de su sala, cuidado con mimo y amor por el maestro, quien, tan descuidado de su propio atuendo, no se olvida jamás de cepillarlo.

Lo sucede ahora en la compañía un nuevo pianista, más brillante de traje, pero tan parecido al anterior que casi nadie nota la diferencia. Cuando interpreta a Andrea Bochelli, o a Madonna, o a Juan Luis Guerra, la sala se llena de aplausos. Pero falta algo, querido lector, algo que nadie sabe. Si fueras a la humilde casa del maestro Gelsomino, los verías a los dos, mientras la nieve cubre las ventanas, interpretando la Apassionata de Beethoven, hasta llegar al acorde sublime. Los dos —hombre y marioneta–, saben que morirán muy pronto, y quieren morir juntos.

 

CODA 1

A raíz de una crónica publicada el mes pasado en Universo Centro: Ann Desclos, alias Dominique Aury, alias Pauline Reage. Autora de Histoire d`O, libro del que aquí no se hablará. Todo indica que las incidencias de esa historia eran meros juegos intelectuales, contados paulatinamente por la autora a su amante, el crítico y editor Jean Paulhan. Así solemos ser los franceses, desde el Marqués de Sade hasta Sarkozy: mucho tilín, y poco de paletas.

CODA 2

Murió un grande del cómic, el francés Jean Giraud, por otro nombre Moebius. Es casi insólito que su muerte se haya filtrado a la prensa antioqueña, tan ajena a estos asuntos. Moebius creó muchísimas cosas, muchísimas historias, muchísimos personajes. Uno de ellos, el teniente Blueberry, protagoniza un notable y atípico Western. Como dibujante y como narrador, Giraud ocupa un especial lugar en el santoral de los cómics. Pide varias lecturas, porque siempre da sorpresas. Es un creador, un dibujante de historias asombrosas. Se me parece a mí a Fellini, y a Will Eisner. Inútil preguntar por él en nuestras librerías. UC