Síguenos:




Número 31 - Febrero de 2012     

Artículos
Recordando a Wislawa Szymborska
Textos e imágenes Wislawa Szymborska
 

 
 
Wislawa Szymborska murió hace un mes en su Polonia natal. Fue premio Nobel en 1996. Una poeta que le ofrece cigarrillos y coñac al fotógrafo que va por sus arrugas. Aquí escribe prosas no serias según sus palabras. Reseñas de libros menores. Y recorta y pega unas postales propias. Para poder hacer regalos personales que no la obliguen a escribir.

Versiones de Satchmo
 

El reconocimiento, la admiración y una fama en constante efervescencia acompañaron a Louis Armstrong a partir de los veinte años de edad. Su condición de súper estrella era totalmente merecida, aunque fácilmente soportable en el día a día. El moderno Orfeo no sería destrozado por las arpías. Su lugar sería tomado por los fans apelotonados a la entrada y Salida de cada club, los periodistas y los fotógrafos, los buscadores de autógrafos, los mirones profesionales o amateurs, las huestes de «amigos y familiares» que le exigían ayuda financiera y favores, los chantajistas, los psicópatas y los conspiradores. Así que el encantador y afable Satchmo1 no tuvo más remedio que erigir un muro de secretarias y recurrir a los poderosos bíceps de un guardaespaldas para defenderse de su propia popularidad y poder trabajar en paz... Naturalmente, no es una situación agradable y provoca que el carácter del individuo se haga más agrio. Pero, claro, más tarde el mundo descubre en qué se ha convertido su ídolo y Io utiliza contra él. Sus antiguos amigos, esos que todavía recuerdan al ídolo de antaño, consideran esto del todo imperdonable. Y abiertamente reniegan de tristeza en público: se le han subido los humos a la cabeza, ha perdido el control, en fin, la historia de siempre. No puedo dejar de pensar que Armstrong escribió (o, mejor dicho, dictó) sus memorias con la mirada puesta en todas esas personas y el firme propósito de reblandecerlas y camelarlas. "¡Eh, vosotros! escuchad —parece decir en la primera página— todos esos que vivís en Nueva Orleáns, negros o blancos incluso, vivos o ya muertos, nunca perdí la cabeza, nunca me olvidé de vosotros: leed y disfrutad de estas buenas palabras que tengo guardadas para vosotros, aunque en el fondo sepáis que no son ciertas.

Wislawa Szymborska

Y para la mayoría de vosotros, músicos amigos míos a los que no siempre os fueron bien las cosas, no solamente recordaré vuestros nombres y apodos, sino que también pagaré un solemne tributo a vuestras dotes musicales, en ocasiones, superiores a las mías incluso, y diré que si algo se, a buen seguro que lo aprendí de vosotros. Simplemente tuve suerte, aunque a veces esto también suponga un incordio para mí; así que humildemente os pido vuestro perdón por si acaso...".

Este es el tono de las memorias. Noble y conmovedor. Pero, ¿sincero? No seamos mezquinos. Buscar sinceridad en unas memorias carece de sentido. Mejor sería preguntarse qué versión de uno mismo y del mundo ha escogido el autor, dado que siempre hay posibilidad de elegir. Por lo que siempre se está a tiempo de tirar de pluma con tal de no tener una buena palabra con nadie. UC

Wislawa Szymborska

1. Satchmo es uno de los nombres por los que era conocido" : Louis Armstrong. (N. del T)

Mi vida en Nueva Orleáns, Louis Armstrong, traducción del inglés (muy buena) de Stefan Zondek. Cracovia: Polskie Wyclawníctwo Muzyczne, 1974.

 
***********************************
El camino hacia la perfección
 

El Hatha Yoga es un método de ejercicios motrices y respiratorios que nació en la India. Si se practica con regularidad (una hora diaria o un cuarto de hora como mínimo) produce, según dicen, resultados milagrosos, siempre y cuando seamos capaces de concentrarnos adecuadamente, es decir, de abstraernos del mundo exterior. El Hatha Yoga nos libera de estados de fatiga y tensiones nerviosas y, a largo plazo, colabora en el desarrollo pleno de la personalidad. Sin embargo, no sirve para todo el mundo, pese a lo que precipitadamente promete el título. Aquellas personas que se sienten agotadas, o son muy nerviosas, no tienen tiempo para hacer ejercicios; y aquellas que si lo tienen, seguramente no les afecta el cansancio ni son nerviosas. Además, el Hatha Yoga no funciona con los escépticos, ya que es a ellos, precisamente, a quienes más les cuesta abstraerse del mundo. Para conseguirlo, es necesaria una cierta predisposición a creer y una pizca de entusiasmo a crédito. El escéptico que ha completado el ejercicio número veinticinco (el llamado Kukkutasana), que consiste en sentarse en el suelo con las piernas ligeramente abiertas, doblar la derecha, sujetarse el pie con las manos y colocarlo debajo de la ingle izquierda, mientras se inserta la mano derecha entre la pantorrilla y el muslo de la pierna doblada, no ha dejado en ningún momento de preguntarse de un modo intolerablemente laico y mundanal: "¿qué dianestoy haciendo?". A continuación, debe agarrarse la pierna izquierda y acercársela con la ayuda de la mano que queda libre, y colocarse el pie debajo de la pierna derecha. Igual que ha hecho anteriormente, debe colocar la mano izquierda entre el muslo y la pantorrilla izquierdas, acercando el pie tanto como sea posible a la cadera. Junta las manos, que reposaban sobre el suelo, entre las piernas dobladas, une los pulgares e inclina la caja torácica hacia delante, inhalando; y levantándose, debe despegar el cuerpo del suelo de tal forma que únicamente las palmas de las manos descansen sobre él.

Camino a la perfección

  

Y, en esa posición, respirando con normalidad y todavía asido por las garras de la duda, se pregunta si realmente la personalidad saca algo bueno de ese nudo corporal. A continuación, se entera de que el Hatha Yoga es solo un pequeño paso en el camino hacia la perfección, y que esa perfección - según los sabios hindúes - solamente: la conseguirá aquel que pierda su Yo individual en el Cosmos. Entonces, el escéptico se enfrenta a una pregunta: "¿tengo realmente algún interés en conseguir eso?". Quizás desee todo lo contrario: no perderse a sí mismo y vivir la vida con su humana individualidad y sus problemáticas consecuencias. Además, en lo tocante a perderse, siempre hay tiempo para eso tras la muerte. Justo en ese mismo instante, el escéptico decide deshacer eI nudo del Kukkutasana. Confiemos en que sea capaz de hacerlo sin tener que llamar a Urgencias. UC