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Número 30 - Diciembre de 2011  

Artículos
Esperando el bus
Sergio Valencia
Pasaron cinco años de estaciones solitarias
y carriles vacíos. Metroplús solo resolverá sus
interrogantes cuando los buses Made in Perú
estén adornados con las vírgenes de rigor.

Esperando el bus

Fue en el 2002 que arrancó el proyecto Metroplús. En ese año también arrancó Álvaro Uribe su primer mandato y decidió impulsar la implementación de sistemas integrados de transporte masivo en las grandes ciudades del país. Eran buenos tiempos. La mayoría de los colombianos confiaba en que Don Señor sería su prometido salvador y las goticas de valeriana que él tomaba para apaciguar sus iras todavía le hacían efecto.

Esperando el bus

 
Medellín se pegó de inmediato de la política gubernamental y firmó un convenio con la EDU para la elaboración de los estudios y los diseños técnicos, económicos, urbanísticos y arquitectónicos de los corredores viales del nuevo Sistema Integrado de Transporte, contando con la asesoría de la empresa Transmilenio y del Ministerio de Transporte. Así empezó Metroplús en el Valle de Aburrá.

Para mostrar seriedad, varios documentos del Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes) respaldaron la decisión, asegurando lo más complicado: la plata. Hay quienes dicen que en eso de la financiación volvimos a comerle cuento al Gobierno central, pero son los mismos que creen que los paisas podemos hacerlo todo solos.

Empieza Cristo a padecer

La participación de Transmilenio y del Ministerio garantizaba, supuestamente, una propuesta bien elaborada y cifras confiables. Finalmente se establece para Metroplús un valor total de 205.349 millones de pesos, de los que la nación pone 68%, Medellín 22, Itagüí 6 y Envigado 4.

Pero estos costos se definieron sin diseños definitivos de las obras. Los socios prefirieron el esquema que garantiza desde temprano la financiación de la nación para más adelante, cuando ya se tuvieran los diseños definitivos, buscar recursos adicionales para terminar la obra. Como quien dice, mano a la presa. A ese modelo acudieron todos las ciudades del país para construir sus sistemas masivos de transporte, pero en el caso de Metroplús hubo mayor demora. El Conpes inicial se concretó en el 2004, lo que quiere decir que sólo hasta 2005 empezaron las obras pues antes no se recibieron recursos del gobierno nacional, y hubo que esperar cinco años, hasta 2009, para que volviera a verse la plata, pese a que desde principios de 2007 Metroplús informó que se necesitaban recursos mucho mayores a los considerados inicialmente.

Todavía ronda por ahí la idea de que el presidente Uribe fue más diligente con los buses de Pereira, Cali y Barranquilla, que están rodando hace rato, y que castigó a los dos alcaldes de Medellín que le tocaron en turno. Dicen que no soportaba que no le caminaran al paso y que le quitaran brillo. Vaya usted a saber si es verdad.

El Conpes 3573 de marzo de 2009 establece por fin el costo total: 636 mil millones de pesos. Casi cuatro mil millones más, el triple de lo calculado. Se justifican costos adicionales en la construcción de la pretroncal, en la adquisición de predios en Envigado e Itagüí, en el número de estaciones, en las interventorías, en costos financieros y en diseños. El corredor de la calle 30 con el de la carrera 45 en la troncal de Medellín y las obras de la quebrada El Ahorcado significaron otro incremento.

A gas y con el Metro

A mediados de 2008, después de un movido debate, se toma la decisión de que Metroplús funcione en su mayor parte con gas natural y no con electricidad. Y debe haber sido una decisión acertada porque hasta el momento nadie ha vuelto a alegar. Quedó claro que la troncal principal (cerca del 30% del sistema) queda bien funcionando con electricidad, pero que tender una red similar para los buses alimentadores no se justificaba, costaría demasiado.

Una discusión más encarnizada fue, y sigue siendo, la que se refiere a quién opera Metroplús. La intención primera era que los transportadores locales se encargaran y así lo hizo saber, en mayo del 2006, el presidente Álvaro Uribe, cuando manifestó que la adjudicación de la operación del Metroplús se haría en forma directa y no por licitación. Meses después tuvo que retractarse al no encontrar una solución jurídica para cumplir la promesa. Uribe metió la pata, ariscó a los transportadores y complicó los acuerdos. En 2007, el Ministerio de Transporte reitera que la contratación para la operación de Metroplús será mediante licitación pública.

A principios de 2008, el Metro de Medellín alentó al municipio de Medellín a seguir un camino, mediante el Metro mismo, para que los transportadores locales realizaran la operación de Metroplús sin necesidad de hacer licitación. Parecía la solución perfecta. Pero pronto se vio que era mucho más compleja y difícil de implementar, y, además de los típicos roces con los transportadores locales, enfrentó a Metroplús, el Metro, el Área Metropolitana y el municipio de Medellín, sin contar con los atrasos que agregó.

El Metro entonces asume la operación de Metroplús. Los transportadores no quedan contentos, pero se puede probar que no quisieron cumplir con las condiciones exigidas, aun cuando les dieron tiempo suficiente. Parece ser que los transportadores colombianos son un gremio poderoso que quiere ganar mucho y poner poco. Así ha sido siempre.

A muchos también nos da miedo con el Metro. Sospechamos que va a implantar su asfixiante cultura en los nuevos buses.

De todos modos, y después de tantos tumbos, Metroplús empieza a rodar este 22 de diciembre. Amanecerá y veremos si soluciona en algo los graves problemas de movilidad. Es raro, pero por lo menos está vez nadie, ni siquiera los taxistas, se ha atrevido a decir que en este gran proyecto hubo corrupción. Muy raro. UC