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Número 30 - Diciembre de 2011  

Artículos
Aquellos diciembres
Del pesebre al Spórting
Juan Carlos Orrego
Del pesebre al Spórting
Del otro mundo
Una historia que pudo ser otra

Del pesebre al SpórtingEn mi casa el pesebre fue cosa solemne hasta que yo tuve diez años. Bajar la caja de la parte alta del clóset de mi mamá ponía arrozudo a cualquiera: el olor a musgo fermentado, el bulto de los "santos" marcados con el sello "Talleres Plásticos Bartoplás" (¿o era Bartolini, como las glándulas de aquella cavidad, también musgosa?), y, sobre todo, el hecho del que todo aquello era prueba irrebatible: había llegado el tiempo de los aguinaldos y el traído.

Después, por el acné de mis hermanos y mis deslucidos once años —la Unicef dirá lo que quiera, pero se es niño hasta los diez—, el pesebre fue clausurado y los santos quedaron tirados en mi cuarto de juegos. No tuve más remedio que incluirlos en mis equipos de fútbol de muñecos. Eso sí, sólo al buey, la mula, los tres reyes magos y algunos zagalillos: sentía un no sé qué de sólo pensar que el Niño Jesús tuviera que marcar punta o que San José acabara como volante de marca, y ni se diga la Virgen. Mientras tanto, animales y reyes no tenían nada de santos, o, mejor, eran santos sin santidad.

Pasar de ser figura de pesebre y convertirse en figura de fútbol obliga a un cambio de función y, por lo menos, a un acomodo del nombre. Melchor se hizo stopper y se llamó Melchor Mauricio Uribe (por ese entonces el apellido estaba limpio), en tanto Gaspar, compañero inseparable, se convirtió en líbero y tomó el obligado apellido Ospina, como el famoso actor de la televisión (mi mamá debió meter baza en ese bautizo, por más que ahora no lo recuerde). Baltasar, arquero, se llamó… ¿Baltasar Botero? No: Oscar Darío Arciniegas. De todos modos, muy pronto se olvidó ese nombre originalísimo y fue conocido como el "Tuso". A la mula le cayó por inercia el nombre del astro de turno del Cúcuta Deportivo, Juan Francisco Mulethaler, pero no fue volante sino puntero derecho. Por simetría obligada, el buey fue puntero izquierdo y tomó el nombre de otro uruguayo, Mario Saralegui, quien había sonado en la Copa América del 83.

Yo tenía una liga mejor surtida y acondicionada que el Torneo Postobón, de modo que los refuerzos fueron a parar a diversos equipos. El más memorable de todos fue el Spórting F. C., que contrató al "Tuso", Ospina y Mulethaler. Incluso, allí había otros jubilados del pesebre de poca monta: Luis Aquino, un pastor que mal-marcaba la punta izquierda (usaba sombrero rojo y llevaba un cisne en el regazo), y J. J. Marín, una oveja de plástico blando que pateaba los tiros libres mejor que Rubén Darío Bustos. El resto de los jugadores eran personajes de Disney, frascos de jugo en forma de oso y, me parece, alguna muñeca raptada a mi hermana y que había sido convenientemente operada.

El título más sonado del Spórting fue en la Copa de Oro de 1985. Jugaron la final contra Séter, un equipo de perros, patos y gatos donde, justamente, atajaba un minino imbatible: el "Gato" Pérez (cuando eso no existía el de Millonarios), en cuya prehistoria perteneció a mi hermana y llevó el ignominioso nombre de Michela. Spórting ganó 1-0, en un partido dramático en que fue expulsado Ospina por dejar caer su mole durísima contra un pajarito de porcelana. Pero cuando todo parecía acabado, a dos minutos de los penaltis, la pelota de plástico —una a rayas rojas y blancas que yo había recogido en una piñata— chocó en la cabeza de Mulethaler y se embocó en el ángulo superior de la pata izquierda del "Gato". Así ganó Spórting su primera estrella, que brilló rutilante sobre su escudo; más o menos como la de Belén. UC