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Número 30 - Diciembre de 2011  

Artículos
Aquellos diciembres
Del otro mundo
Fernando Mora Meléndez
Del pesebre al Spórting
Del otro mundo
Una historia que pudo ser otra

Del pesebre al SpórtingMelchor, Baltasar y Gaspar iban camino de la estrella de Belén. El camello en que montaba Gaspar era lento y debilucho, tanto así que siempre iba de último y muy lejos de los otros. Tal vez por eso dio en caerse a un hueco profundo. El golpe hizo desmayar al rey y perder algo del incienso que llevaba como ofrenda al Niño Dios.

Gaspar despertó adolorido y, con el camello también yacente. Alrededor suyo no había más que oscuridad. Miró hacia lo alto y vio pequeños agujeros de luz. No divisó por ningún lado la estrella de Belén. Descendió de la bestia y comenzó a caminar. Se dio cuenta de que no había hierba ni pedruscos. El piso era liso como el mármol, aunque había mucho polvo y grandes virutas de madera. Unos pasos más adelante se halló junto a una columna que hacía parte de una armazón colosal. En un costado vio la enorme pared donde se leía, en lengua de Hispania: "Este lado arriba".

No bien se repuso del asombro alcanzó a ver una especie de sandalia de un gigante. Aterrorizado se devolvió hacía donde estaba el camello y, cuando se sintió a salvo, pensó: "Cuántas cosas extrañas hay bajo la Tierra que ignora la sabiduría".

De repente oyó una voz que retumbaba detrás de los agujeros de arriba: "¿Qué se habrá hecho el otro rey mago? Debe ser que Ana lo cogió otra vez para jugar". Gaspar sintió temor y le rogó al Mesías que lo sacara de allí con vida. Unos minutos después vio un resplandor que descendía y era cada vez más intenso. Antes de acabar de comprobar, como astrónomo, si se trataba de la estrella de Belén, la luz lo cegó hasta la inconsciencia. "Miralo allá abajo, dijo la voz, teneme aquí la linterna mientras lo saco".

Gaspar volvió a ver las nubes de algodón, los rebaños pendiendo de las rocas, los lagos como espejos con sus cisnes. Sin saber cómo, estaba otra vez sobre el camello, por el sendero de arena. Y cuando no vio ni a Melchor ni a Baltasar, miró hacia atrás para darse cuenta que, por primera vez en todo el viaje, él iba a la delantera. "Esto sí que es un milagro", se dijo. Y volvió a ver, fulgurante, entre otras luces coloridas, a la estrella que los guiaba. UC