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Número 29 - Noviembre de 2011  

Bocas de ceniza
 
Bocas de ceniza
Pound. Puf. Crash.
Camilo Jiménez

Grandes páginas tiene la obra crítica de Ezra Pound. En ellas mostró unas características buenas para un comentarista de arte, economía y política como era este autor nacido en Idaho, Estados Unidos: atrabiliario pero culto, sugerente y por momentos algo regañón, sabio, informado. Se equivocó –defendió a Mussolini y al Eje durante la Segunda Guerra—, pero escribió con brío. Buscaba la perfección, y algunas de sus páginas críticas la alcanzaron. Sin duda muchos de sus versos también, aunque en una obra tan prolífica –los solos Cánticos tienen 700 páginas— abundan los candidatos a la defenestración. En últimas no importa tanto qué digan los críticos, sino cómo lo dicen. Y Pound sabía componer catedrales en un párrafo, construidas con sólidos ladrillos de malaúva. En una carta de 1920, Hemingway le escribe a su amiga y mecenas Gertrude Stein: "Le mostré mis poemas a Ezra Pound. Dijo que yo era un gran cuentista".

De varios libros expurgados (Carta del exiliado y otros poemas, Aquí La Voz de Europa, Antología, Introducción a Ezra Pound) selecciono unos cuantos fragmentos de su prosa, a manera de invitación para leerlo, para conocerlo.

—El uso de la composición literaria en la intimidad ha sido tolerado desde "edad inmemorial", como el hacer calceta, crochet, etcétera. Mantiene ocupado al que a ello se consagra y, mientras se lo guarde para él, ne nuit pas aux autres, no transgrede la definición de libertad, tal y como aparece en la Declaración de los Derechos del Hombre: la libertad es el derecho de hacer lo que no aporte perjuicios a los otros. Todo esto es más bien negativo y poco satisfactorio.

—Sugiero mandar al diablo a cuanto crítico emplee términos generales vagos. No sólo a los que usan términos vagos por ser demasiado ignorantes para tener algo que decir, sino también a los críticos que emplean términos vagos para ocultar lo que quieren decir, y a todos los críticos que emplean los términos tan vagamente que el lector puede creer que está de acuerdo con ellos o que asiente a sus afirmaciones cuando de hecho no es así.

—Se puede decir que en Inglaterra la inteligencia no experimenta más que aventuras que han sido experimentadas en otros países.

—Es primordial que lancemos una ojeada a la "filología" y al "sistema germánico". Hablando como historiador, "podríamos" decir que este sistema fue creado para inhibir el pensamiento. A partir de 1848 se observó en Alemania que algunas personas pensaban. Era necesario reprimir tan perniciosa actividad. Entonces se concedió a los pensadores un huevo de porcelana, con la etiqueta de "erudición", y se les fue, poco a poco, volviendo ineptos para la vida activa o para cualquier contacto con la vida en general. La literatura fue tolerada como materia de estudio. Y su estudio fue concebido de tal manera que alejase el espíritu del estudiante de la literatura y lo dirigiese a la nada.

—Usar tres páginas para no decir nada no es estilo, en el sentido serio de la palabra.

—La poesía más importante la han escrito hombres de más de treinta.

—Es cierto que la mayoría de la gente poetiza más o menos, entre los diecisiete y los veintitrés años. Las emociones son nuevas, y para su dueño, interesantes y no hay mucha personalidad o mente que mover. Conforme el hombre, conforme su mente, se vuelve una máquina más y más pesada, una estructura cada vez más complicada, necesita de un voltaje cada vez mayor de energía emotiva para adquirir un movimiento armónico.

— Es de enorme importancia que se escriba gran poesía, pero no importa en absoluto quién la escriba.

— La única crítica realmente viciada es la crítica académica de los que hacen la gran renuncia, que se niegan a decir lo que piensan, si es que piensan, y que citan las opiniones aceptadas… Su traición a la gran obra del pasado es tan grande como la del falso artista del presente. Si no les importa lo suficiente la herencia como para tener convicciones personales, no tienen derecho a escribir. UC

 

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