Síguenos:




Número 25 - Julio de 2011   

Caído del zarzo
El Mago Cuartas
Elkin Obregón S.
 

Ayer murió Carlos Cuartas, llamado con justicia El Mago. Para muchos, ha sido el mejor ajedrecista colombiano de todos los tiempos. Si acaso, podrían seguirle las huellas Luis Augusto Sánchez y Miguel Cuéllar Gacharná. Dicen los que saben que su juego era brillante, imaginativo, amigo de correr peligros. El último de los románticos (Boris de Greiff incluye dos de sus partidas en su libro Las mejores partidas del siglo XX). Dicen los que saben que era especialmente seguro en los finales, casi invencible en esta fase del juego, si a él se llegaba.

Protagonizó con Cuéllar Gacharná un match inolvidable, que, por primera y única vez en la prensa antioqueña, y aun colombiana, mojó día a día la primera plana de los periódcos, un fenómeno "mediático" sin precedentes ni consecuencias.

A modo de anécdota: por esos días, a este escriba lo confundían con Cuartas. O, mejor, con las fotos de Cuartas. Desconocidos me saludaban en la calle, me enviaban un aguardiente en las plazas de toros. Yo, la verdad, me dejaba… Llegué al extremo delirante de tomarme unos tragos (en la añorada La Madrileña), con un sujeto que había sido condiscípulo de Carlos en el bachillerato, y que me tomó por él.

 

Después lo conocí personalmente, y pude comprobar que no nos parecíamos en nada. O, digamos, nos hermanaba el decorado: cabello revuelto, barba desgreñada, gruesas gafas de miope, y un eterno cigarrillo entre los dedos. Muy poco, si se piensa bien. Pero así fueron las cosas.

Cuartas no llegó a ser Gran Maestro, el máximo nivel en el mundo del ajedrez. Tampoco lo fueron Sánchez, ni Cuéllar. No importa, eran otras épocas. Además, en el cielo de los Grandes Maestros hay niveles no valorados por la Fide, y existen muchos Grandes Maestros de bajo perfil, que jamás logran acceder a las auténticas grandes ligas. Con un poco más de suerte y estímulo, El Mago hubiera jugado con sobra de méritos en ellas.

Óscar Domínguez Giraldo, su amigo personal, nos cuenta que lo visitó pocos días antes de su muerte. Lo vio bien, animado, y, a su manera, locuaz. Y "flaco como un alfil".

CODA

Otro asunto. El ruido de las cosas al caer, la novela de Juan Gabriel Vásquez. El festival del "que" galicado. UC