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Número 24 - Junio de 2011   

Caído del zarzo
Elkin Obregón S.
 

GEORGIE AGAIN

Está de moda otra vez Borges (mentira: siempre estuvo de moda, y siempre lo estará), a raíz de la conmemoración de su 25 aniversario en la muerte. Por cuenta de este hecho, la prensa escrita, la televisión y la radio no han escatimado inexactitudes y falsas anécdotas. Por ejemplo, en La luciérnaga, Hernán Peláez afirmó enfático que el autor de El Aleph y Sábato (otro muerto ilustre, éste sí reciente) jamás habían cruzado palabra alguna en su vida. ¿De dónde salió tal cosa? Cuando la verdad es que existe un libro, más que interesante, llamado justamente Conversaciones entre Borges y Sábato. Por cierto, y dígase de paso, Borges desliza en él algunas muestras de sus inapreciables travesuras borgianas. Hay un momento en que el diálogo recae en El Quijote. Sábato, el serio de la pareja, le confiesa al otro su preferencia por la segunda parte de la obra. A lo cual responde Borges: "Nunca primeras partes fueron buenas".

Otra cosa que se ha dicho (y ésta totalmente cierta) es su aversión por el fútbol, deporte que, a pesar de haber llegado de las manos de su amada Inglaterra, le parecía un ejercicio insulso. Muy bien, está en su derecho. Lo que raya en el ridículo, es la opinión de otro locutor radial, quien nos dice que Borges detestaba a Maradona porque pensaba que le hacía sombra. Hay que ser muy… estólido.

Le pasa a Borges lo que a Oscar Wilde, ser nombrados depositarios de centenares de frases, anécdotas y aforismos que jamás pronunciaron, la mayoría muy alejados de las finuras de sus auténticas invenciones. Una espuria forma de la inmortalidad, que a todo ingenio acecha.

 

CODA

Muchas películas se han hecho sobre cuentos borgianos. De las que he visto, la que más me gusta es la argentina Hombre de la esquina rosada, filme de los años 60 que vimos aquí, lo recuerdo muy bien, con subtítulos en francés, y que protagonizaba, creo, un gran actor llamado Francisco Petrone. Tiempo después se hizo una versión española, para la T. V., y que hacía parte de la serie América. Era tremendista, irreverente, plagada de torpes "adornos sangrientos". Entre ellos un primer plano de unas vísceras humanas. Algo tan lejano a Borges como una Copa América.