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Número 23 - Mayo de 2011   

Me robaron y punto
Colectivo Papabomba
 

Me robaron y punto

Más allá de los datos estadísticos, que son alarmantes en Medellín, se ha vuelto a sentir la zozobra, ese aire de inseguridad de otros tiempos; el centro de la ciudad, lugar temido y poco frecuentado por un número importante de la población, se encuentra en el deshonroso primer lugar en cifras de atracos reportados, y estamos completamente seguros de que, por mucho, es el número uno en atracos no reportados pero sí perpetrados. Un artículo de algún periódico local resaltaba como preocupante el hecho de la disminución en los reportes de los hurtos, asunto que en el fondo causa cierta indignación, pues la noticia no debería ser la falta de denuncia sino el exceso de atracos. Y es que la gente, las pobres víctimas, aún con los nervios de punta, se acercan a un CAI o estación de policía, ponen su denuncia y encuentran inactividad por respuesta, pese a que en aquel lugar ya conocen al ladrón, a la pandilla, al combo, al grupo delincuencial que se turna las calles con la policía. Un agente policial, sin levantarse de su puesto, toma el reporte, mira a sus compañeros de turno, expresa su desazón frente a un nuevo robo en el mismo sector, advierte que en efecto es una zona muy peligrosa y que sólo en ese día se han reportado cinco robos; imprime la infructuosa denuncia que es firmada por el desposeído, a quien le toman sus datos como simple formalismo pero con la certeza de que no pasará nada más. Parece, pues, que la no denuncia de los hurtos tiene que ver con lo ineficaz del acto; el robo objeto de la denuncia es conocido por un policía barrigón sentado tras un escritorio, el denunciante, unos cuantos amigos y, por supuesto, el ladrón; pero hasta allí llega el actuar del ente de control y del propio ciudadano que inútilmente exige una solución, de suerte que ya en otras esferas queda el adolorido grito del denunciante: ¡Me robaron y punto! (http://goo.gl/maps/HILY).

Me robaron y piunto

 
Me robaron y piunto
 

Visto el desalentador escenario del nivel de hurtos en Medellín y la escasa solución, un grupo de artistas de la ciudad, amantes del centro, hemos querido sentar nuestro punto de vista al respecto y para ello hemos obtenido la valiosa colaboración de Universo Centro.

Inspirado en la exitosa campaña de seguridad vial de las Estrellas Negras, el Colectivo Artístico Papabomba presenta la propuesta Me robaron y punto, con la cual pretendemos que cada denuncia de hurto no se quede en un escritorio, sino que, en efecto, tenga los componentes de una verdadera denuncia, así como las estrellas negras mostraban el aterrador panorama vial del país con aquellos símbolos de accidentalidad y muerte. Hoy queremos demarcar el aterrador panorama de inseguridad en el centro de la ciudad, queremos que la gente reconozca el símbolo del atraco para que tenga cuidado en su diario transitar, queremos también que el asaltante sepa que ya sus lugares favoritos para el delito han sido señalados; igualmente queremos mostrar al cuerpo policial aquellos puntos de especial cuidado, no porque no lo sepan, sino porque una vez marcados ya no pueden ser ignorados. Pondremos un punto en el lugar del robo aunque sabemos que son miles, por ese motivo hacemos un llamado a los lectores de UC que conocen o han sido víctimas del robo en el centro de la ciudad para que vía internet lo señalen en el mapa que para ello hemos dispuesto en http://goo.gl/maps/HILY, o nos escriban a industriaspapabomba@gmail.com contándonos lo ocurrido y nosotros procederemos a fijar el punto en el lugar que nos indiquen, si no es que el lector prefiere marcarlo pegando el punto que encontrarán para descargar e imprimir aquí.

   
La señal de Me robaron y PUNTO que acompaña este periódico, es para pegarla en la esquina, muro, poste, EPS o cualquier otro lugar donde le hayan aligerado la faltriquera. Puede bajar la imagen aquí, imprimirla a su gusto y tamaño y fijarla en el lugar de sus quebrantos, según las instrucciones.

Fije su punto para que después no diga: ¡Me robaron y punto!

Instrucciones para fijar su punto:

Descargue e imprima el punto aquí, diríjase al lugar en donde fue atracado, verifique que no se encuentre por allí el atracador o uno potencial, ni tampoco un agente de policía. Tome su punto y esparza por el revés el pegamento previamente elaborado de acuerdo con algunas de las fórmulas que presentamos a continuación:

Preparación del engrudo
Disuelva dos cucharadas de harina previamente tamizada en medio vaso de agua fría. Luego agréguela a medio litro de agua hirviendo. Adicione una cucharadita de azúcar y lleve la mezcla a fuego lento. Cocine hasta el primer hervor.

Pegamento vinílico (colbón, acronal o semejantes)
En un recipiente vierta igual cantidad de pegamento y agua. Revuelva hasta obtener una mezcla homogénea. Una vez engomado el punto, tómelo de los extremos como indica la fi gura, sin vacilación descárguelo en el lugar escogido y con las palmas acaricie suavemente el papel para eliminar burbujas y permitir una óptima fi jación a la superfi cie, luego de ello, retírese discretamente del lugar.


 


 

 
Buen y mal ladrón

—Esto por acá es muy peligroso —dijeron cuatro tipos con cara de pocos amigos que me salieron al paso en La Playa frente al Pablo Tobón Uribe—. Lo mejor es que se vaya.

El más alto y mal encarado de los cuatro se ofreció amablemente a acompañarme hasta la Oriental, donde podría conseguir transporte. Yo de inmediato giré por Córdoba hacia Caracas con la intención de facilitarle las cosas al forajido y por Caracas bajamos en busca de un bus de Manrique. El tipo se vino hablando —¡quien lo creyera!— de la inseguridad de Medellín, de estas calles que de noche se vuelven intransitables y de los vagos que viven de arrebatarle a los demás lo que se ganan honradamente. En todo estuvimos de acuerdo. El cuadro disociativo cerró el círculo poco antes de llegar a Girardot, cuando el hombre aprovechó la oscuridad, me empujó contra el muro de una casa y me apercuelló desde atrás. Para mi sorpresa no estaba armado y no sé de dónde saqué arrestos para oponer resistencia y terminamos dando vueltas en el piso, hasta que en una de esas el sobaco del señor ladrón quedó justo frente a mis narices. Tenía una chucha nauseabunda y putrefacta, fácilmente admisible entre las proscritas armas no sé si químicas o bacteriológicas. A mí el sofoco y el asco me provocó fue risa. El hombre también sonrió (hasta a él le debía de oler maluco) y sin asomo de ira y con fuerza descomunal me puso boca abajo y de un tirón arrancó los bolsillos traseros del jean y salió corriendo, llevándose de trofeo un pañuelo sucio y una billetera vacía, porque, y eso me dio más risa, en el bolsillo de adelante llevaba la plata pal taxi. La billetera se perdió, pero todos los documentos me los dejaron en la Emisora de la U. de A., a la mañana siguiente.