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Número 22 - Abril de 2011   

Crónica verde
Vino tinto y moño
 

Vino tinto y moñoNo para todas las cabezas resultan pecaminosos los humos de la marihuana; por lo menos, no para los deportistas. Y no se crea que se trata de un truco brumoso para disimular dopajes descarados: la opinión que prevalece, más bien, es que el cáñamo de la india es más perjudicial que benigno a la hora de competir. Hace poco menos de un año, el Sindicato Mundial de Futbolistas conceptuó que la yerba santa no aumenta el rendimiento del jugador sino que lo perjudica. Así se alegó en el célebre caso del delantero uzbeko Anzur Ismailov, crucificado al término de un partido en las eliminatorias de Sudáfrica 2010 contra el temible equipo de Bahrein. El sindicato se las cantó a la Agencia Mundial Antidopaje: "Pedimos al Comité elaborador de la lista que reconozca que el canabis es, con total probabilidad, perjudicial para el rendimiento deportivo y no merece estar incluido en la lista de sustancias dopantes". Mientras tanto, en la NBA se entiende que los pitazos son un derecho de los encestadores —el 60% los frecuenta— y su prohibición una beatería de directivos.

Todavía causa revuelo en nuestro medio el vuelo del delantero antioqueño Wilder Medina. El año pasado dio positivo en el control antidopaje de la Copa Libertadores, y este año fue acusado dos veces, por lo mismo, en partidos de la Liga Postobón. La rabia ciega de los reclamos pasó por alto que las trazas de marihuana en la sangre se borran sólo al cabo de dos meses. ¿Será que Wilder está siendo juzgado dos veces por la misma traba? Y además, digan lo que digan todavía hay memoria: ¿se han olvidado los tiempos aquellos en que nuestro balompié perdonaba las diabluras de Libardo Vélez, Jimmy Arango, "Chusco" Sierra, "Chumy" Castañeda y Jorge Raigoza?

Medina podría haber dado cátedra de maldad a esos pecadores veniales que, a lo sumo, alardearon con navajas: el goleador del Tolima tuvo sus días turbios, goleaba en otras plazas y fue caliente hasta las explosiones: "A los que estaban compartiendo conmigo les lanzaron una granada que los mató… ¿A quién matan por ser bueno?, imaginá cómo éramos de malos". Ahora corre en el Murillo Toro y come pollo por las tardes con Marrugo en una plazoleta en Ibagué. Wilder tiene 30 años y es un ejemplo digno de la Oficina de Reinserción. Podría estar protagonizando una propaganda en Señal Colombia: "Evita la pena máxima".

El affaire Medina tuvo un capítulo especial en la cancha. En febrero de este año, Wilder le tuvo que patear un penalty a Agustín Julio. Marrullero —o asustado—, el arquero cartagenero quiso desconcentrar a su verdugo con una pregunta tonta: "¿A qué sabe la marihuana?". Sin dudarlo, Medina dijo: "A gol". Segundos después lo hizo realidad. Tolima le ganó en el último minuto a Santa Fe. Julio se consoló con agua de cidrón; Wilder, no sabemos.