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Número 22 - Abril de 2011   

Caído del zarzo
Elkin Obregón S.
 
Me piden que escriba algo para Universo Centro, un lugar del que nunca he salido, pero que ya me resulta tan lejano como el canto de las sirenas… En estos días cobré valor y me fui a ver una película al Colombo. No resistí más de tres minutos (claro, hubo otras razones), y me devolví cuanto antes a mis cuarteles de invierno, a oír "El alargue"… A mí, Medellín, ya me es casi del todo ajeno. A punto estuve de declinar una invitación a un recital poético (que me interesa mucho), por no sentirme, fuera de mis cuatro paredes, como una mosca en la sopa.

Pero, bueno, anoche escribí un minicuento —oficio de jubilados, jóvenes o viejos—, y lo pongo aquí, por si de algo puede servir. Lo han leído tres personas. Dos callaron. Una me dijo que le gustaba. Opto por el silencio.

En fin, ésta puede ser mi entrada y salida por el foro (o, mejor, sólo salida) de tan exigente publicación. En fin, uno ya está curado de espantos.

CUENTO CON TÚNEL

Cuando sintió que iba a morir, más que miedo, sintió curiosidad de saber eso, dicho por muchos, que empieza a verse a mitad del túnel que te lleva al más allá. ¿Vería, como tanto se asegura, una versión fugacísima de lo que fue su vida entera? ¿O tal vez el rostro del amor que lo acompañó en la hora última? ¿O tal vez nada, morir "como se muere una vaca", sin recuerdos adelante o atrás?

Muerto ya, siguió vagando un tiempo por los cuartos de la casa. Cuando presentían su sombra, todos, asustados, la huían. Así que nunca pudo contar a nadie lo que había visto.