Síguenos:




Número 16 - Septiembre de 2010   

Estilario
Raul Trujillo
Exclusivo para UC desde Buenos Aires
 

Estilario, Universo Centro N°16A este Capitán de agua dulce lo conozco y de hace mucho. Hemos merodeado juntos los circuitos de la moda y estrellado en las noches after show. A él le debemos que en el imaginario global, la belleza paisa no sea reconocida solo en su versión “Las”. El Paisa resultó ser un bello galán latino cultivado en tierra fértil entre fierros y spas, una masa adorable de músculos que ha dado vuelta seduciendo al mundo, desde Juanes hasta los sexys modelos de las marcas de underwear a los que Jaime desde su agencia sabe representar. Con su “pinta” de Brutus —eterno rival de Popeye, versión del macho hirsuto que mientras más feo más hermoso— es un anti-dandi que, por su estilo, todo le va bien.

Impecable coordina a su manera el color y los detalles, texturas, raspaditos y el doblez del jean. Pude que no en frente, pero siempre cerca de espejos ha estado Jaime y sabe cómo lucir siempre. Crítico y aburrido de tanto real pop, parece optar por un toque del fetiche Le male, como el perfume —marinerito— de Gaultier, para sumarle al olor ácido del sudor un poco de eso del animal humano que a los vendedores de asepsia, tan efectivos en ventas en los supermercados, no les parece bien, pero que no nos viene nada mal; es nuestro humor. En La Reina de África no creo que Humphrey Bogart le oliera bien a la Hepburn, pero seguro emanaba ese vaho de macho protector que sabrá sacarla de aquel asfixiante horror.

Pareciera que a eso se refiere Jaime ya con su indumentaria, “yo soy lo que soy y poco me importa lo que imponga el masivo pop”. Qué linda y editada manera de decirlo y de hacer de su imagen un panfleto para disfrutar: el jean tal vez vendría de las calles de los rappers amplias entre nubes de smog y rudas como las cadenas, con mochila arhuaca en reversión, tejida en lana, como una reinterpretación multicolor después del impulso comercial de las oenegés. Más charreteras, insignias y medallas. Más galones, tributos, ofrendas y regalos. Nada es ya accesorio en esta idea personalizada de vestir. Ni qué decir del kepis, que bien podría ser encontrado quién sabe en donde… ¡mi capitán!