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Número 13 - Junio de 2010   

Editorial
Que se calle el cantor

 

Se armó el tierrero nuevamente en nuestra muy moderna, educada y cosmopolita Medellín, porque entre los invitados al Congreso Iberoamericano de Cultura que se realizará en la ciudad del 1 al 4 de julio, figura el cantautor cubano Silvio Rodríguez.

"Vocero internacional del régimen castrista y de sus crímenes", "aliado de las Farc", son algunos de los calificativos que ha recibido el compositor de Ojalá, Unicornio azul o Pequeña serenata diurna, donde el atrevido afirma vivir "en un país libre, cual solamente puede ser libre".

El cantautor, que a raíz de la presentación de su último disco Segunda cita, afirmó que Cuba "pide a gritos una revisión", y que estuvo el 4 de junio en el Carnegie Hall de Nueva York, en el mismísimo corazón de los Estados Unidos, de todas maneras no parece ser de buen recibo en Medellín, Colombia, donde una trinca de intelectuales y columnistas de prensa lo ven como el representante personal de Fidel Castro (el demonio), de la guerrilla colombiana (su secta y cofradía) y en general de las ideas comunistas, que son fuente de todos los males.

Ya en 2009, estos mismos señores, con los mismos métodos y argumentos, lograron convertir en un polvorín la Fiesta del Libro y la Cultura, e imprimirle sabor de Guerra Fría a la participación de distintos escritores de la isla en este certamen, con motivo de los 50 años de la revolución cubana. Cual torquemadas, finalmente lograron censurar el tema, dejaron claro que en Medellín está terminantemente prohibido hablar de pedagogía martiana o escuchar a peligrosos voceros del régimen de Castro como Pedro Juan Gutiérrez y Wendy Guerra.

Definitivamente no sabe uno qué pensar de la hostilidad y la bilis que supuran estos argumentos; de las vueltas que hay que dar para concluir que las autoridades de Medellín, por ser anfitrionas de un Congreso Iberoamericano de Cultura al que se invita a uno de los exponente de la Nueva Trova Cubana, está invirtiendo dineros públicos en la promoción del terrorismo; o de esa velada acusación de que quien escuche a Silvio Rodríguez, prácticamente está apretando el gatillo del fusil que carga el Mono Jojoy.

¿Podrán de nuevo estos escandalizados intelectuales salirse con la suya?

Es posible. Bastaría con replantear la composición misma de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (la entidad que organiza y convoca el Congreso), una entidad de carácter gubernamental integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela y por supuesto Cuba, país al que habría que sacar de ahí para complacer a nuestros beneméritos poetas y escritores.

También sería necesario derogar algunos de los propósitos de dicha organización, como ese de promover "la cooperación entre los países iberoamericanos en el campo de la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura en el contexto del desarrollo integral, la democracia y la integración regional".

La nueva carta de navegación de los países iberoamericanos quizá podría adaptarse al tenor de estas lumbreras paisas, y dejar establecido que la cooperación y el intercambio cultural solamente es posible con quienes piensen igualito, y que la integración internacional está muy bien, siempre y cuando no venga mucho extranjero.