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Número 12 - Mayo de 2010   

Byron White
Un cura loco Palacio, una gran repostera Palacio, y un poeta Gutiérrez González sin palacio.

 

 

Byron White


Entre neblina del pasado el arquitecto Rafael Ortiz nos corrige el rumbo de nuevo, y de su mano y con sus recuerdos seguimos Carabobo adentro.

1. Carabobo, de la plazuela de la Veracruz hacia el norte, también se llamó el Carretel porque por allí circulaban las carretas que iban al Edén y posteriormente al restaurante de Amito.

En la esquina nororiental del cruce de la quebrada Santa Elena con el Carretel tenía una viuda, madre de dos hijas muy hermosas, lo que en el comienzo fue una panadería y posteriormente hotel. Ocurrió que un sacerdote, el padre Gabriel Palacio, que estaba suspendido y tenía fama de loco, consiguió allí una habitación con alimentación; según decires de la época el padre acabó cohabitando con la señora y las dos hijas, y así entre todos arrastraron el lugar a la degradación.

El padre Palacio era realmente un loco con ideas geniales. Recién terminó el seminario lo mandaron para un pueblo, y en la casa donde le dieron habitación había una ventana por donde entraba una gallina que todos los días ponía un huevo, huevo que él se comía religiosamente. Cuando se confesó y contó, el otro padre lo conminó: "Tiene que suspender eso de alguna manera porque si no le toca restituir los huevos comidos al dueño de la gallina." Fue el padre Palacio a confesarse otra vez y contó lo mismo y lo mismo le advirtió el confesor; y en la tercera, le preguntó: ¿qué hubo, joven, BYRON WHITE ya le encontró solución al problema? "Sí, padre —dijo—, ya le encontré solución: me la comí".

2. La tienda de los Mesa, de los mismos Mesa de El Poblado que por más de setenta años tuvieron en Medellín, en ese sector de Carabobo, tiendas de abarrotes y mercados. Por ser tan famosos como ricos a casi todos los mataron por robarles; a los últimos de la familia los asesinaron frente a la Placita de Flórez.

3. La Panadería Palacio, o de las Palacio (ninguna familiar del padre loco, hay que decir), tuvo su época de esplendor cuando era manejada por Rosa, pues ella dominaba todas las fórmulas clásicas de la panadería santarrosana: pandequeso, bizcocho de yemas, almojábanas, roscas de anís... Después de esa época no volvieron a producir algo parecido. Una vez construyeron su edificio en Cundinamarca con Juanambú, las Palacio entregaron el local y lo tomó otra familia panadera, los Lalinde, que produjo bizcochos y pandequesos que también se hicieron famosos; la gente empezó a murmurar que la causa de tan buena parva eran los hornos, que daban el punto preciso.

4. Por los años 30, en la esquina suroccidental de Juanambú con Carabobo estuvo la primera sede de las Empresas Públicas Municipales.

5. En la esquina suroriental hubo un café, recordado porque allí ocurrió la primera muerte accidental por culpa del paratión. Una botella de gaseosa en la que habían reenvasado el fulminante veneno quedó mal lavada por parte de la embotelladora, el refresco salió al mercado, llegó al café y pasó al papayo a un individuo que se la tomó.

 


6. En la esquina noroccidental funcionó el edificio donde Néstor Cuartas tenía su prendería. Este Néstor era célebre en Medellín por su afición a los toros y por su dudosa moral. En temporada de corridas, lo primero le servía para organizar con los toreros un gran y colorido desfile, lleno de voladores, que terminaba en el Circo España, cuya entrada principal quedaba en Caracas con Girardot. Y lo segundo le sirvió para ganarse la fama de tumbador: alhaja fina que le empeñaban, alhaja que irremediablemente quedaba en sus manos.

7. Antes de existir el Edificio Cuartas, la cuadra comprendida entre Juanambú y Zea, costado occidental, fue construida en su totalidad a fines del siglo XIX con lo que llamaron las casas de los popos, a causa de la estrechez del lote. Esas precarias casas fueron levantadas para los negros esclavos una vez sus amos los desalojaron de sus tierras (todavía hay quienes creen que ese desalojo se trató de una liberación bienintencionada).

En una de estas casas murió el insigne bardo Gregorio Gutiérrez González. Marginado totalmente por la sociedad porque escribió una poesía contra los personajes avaros de Medellín y algunos poderosos se sintieron muy aludidos, GGG se sintió abandonado y se sumió en el licor hasta alcanzar la pobreza; fue entonces cuando un compañero de juegos de infancia, hijo de una pareja de esclavos de sus padres, lo recogió, lo llevó a las casas de los popos y lo asistió hasta la muerte.

Los poetas de Bogotá que conocieron el hecho se lo llevaron, ya acostado, para la capital, a descansar en la Basílica, en cierta forma para desagraviarlo por haber sido enterrado en Medellín en el cementerio de los pobres; luego fue reclamado por La Ceja y sepultado en una capillita abandonada. Allá sigue.

8. En una de las casas de los popos, hacia 1925, puso una de las primeras estaciones de gasolina un señor Arroyave; después Arroyave alcanzó un éxito tan grande que le vendió su cadena de estaciones de gasolina —tenía 48— a la Esso. 9- En la esquina suroccidental del crucero con Zea había un localito pequeño: la prendería de Braulio Ayala, este sí un prendero con fama de muy honrado.

10. Un edificio de dos pisos que todavía hoy existe en la esquina suroriental fue la casa del capitán Duque, que navegó por el río Magdalena hasta que se murió. En la cuadra que seguía, Zea y La Paz, había cinco mansiones al estilo antiguo.

11. Este fue el segundo local de las Palacio. Muerta Rosa, las demás se dividieron la panadería de acuerdo con la herencia, y quienes siguieron con la tradición compraron en el costado occidental una vieja mansión con salida a La Paz —mansión que había sido de don Ezequiel Arango— y allí pusieron la tercera panadería.

12. Entre Vélez y la Paz, sobre el costado oriental, había un enorme local ocupado por el teatro Olimpia, y antes ocupado por la aduanilla: unas ramadas alquiladas al gobierno con destino a la aduana interior. Don Alejandro Ángel, cuando se hizo al local, convirtió dichas ramadas en teatro sancochería, pues en el Olimpia se podía comer viendo cine.